viernes, febrero 07, 2014

¿Alguna vez construiste un castillo en el aire? Aquí está uno, traído a la tierra para el asombro de los siglos. ~Bayard Taylor

India 2013, Capítulo 8: Frente al Taj Mahal


De Amritsar volamos de regreso a Nueva Delhi, donde fuimos recibidas por Ahmed y nuestro chofer Sij, Sono. Luego de un tranquilo traslado en carretera de cuatro horas, llegamos a Agra: una ciudad situada a orillas del río Yamuna, en el estado de Uttar Pradesh, que fue la capital del Imperio mogol entre 1556 y 1658 teniendo su máximo apogeo y esplendor durante los reinados de Akbar, Jahangir y Sha Jahan, antes de que la capital del imperio se trasladara a Delhi.

Atravesamos una parte de la ciudad que desafortunadamente nos dio la impresión de ser el lugar más lleno de basura que habíamos visto hasta ahora. Nos registramos en nuestro hotel Taj Gateway Agra, donde nos recibieron pintándonos un punto rojo en la frente y desde cuya habitación vimos por primera vez el famoso Taj Mahal.


Al llegar al complejo, nos advirtió que en la entrada seguramente habría personas que ofrecerían sacarnos “las mejores” fotos con el mausoleo por un precio; nos recomendó que, dado que nosotros traíamos cámara y él visita a diario el sitio, nos rehusáramos pues él conocía los lugares óptimos para las fotos y nos podía sacar todas las que quisiéramos. Asimismo, nos comentó que no se puede entrar al mausoleo con zapatos, pero que previniendo eso, él traía cobertores especiales a fin de no tener que dejar el calzado al cuidado del servicio del lugar – ¡esto me recordó la escena de Slumdog Millionaire y agradecí no arriesgarme a perder mis tenis preferidos!

Una vez que pasamos el centro de visita donde te advierten todo lo que no puedes introducir al complejo, caminamos hacia la primera estructura, el Darwaza o arco de acceso al Mausoleo.  Antes de cruzarlo, el guía nos explicó que Taj Mahal es un complejo de edificios –arco de entrada, mezquita, mausoleo y la casa de invitados- construido a orillas del río Yamuna por el emperador musulmán Shah Jahan de la dinastía mogola en honor de su esposa favorita, Arjumand Bano Begum —más conocida como Mumtaz Mahal— que murió en el parto de su decimocuarta hija (definitivamente se merecía un monumento). La palabra “Taj” proviene del persa, lenguaje de la corte mogol, y significa "Corona", mientras que "Mahal" es una variante corta de Mumtaz Mahal, el nombre formal en la corte de Arjumand Banu Begum, cuyo significado es "Joya del palacio". Taj Mahal, entonces, refiere a la corona de Mahal, la amada esposa de Sha Jahan.
El conjunto tiene su eje principal perpendicular a la ribera del río Yamuna. En el centro, los amplios jardines divididos en cuadros se organizan mediante la cruz formada por los canales, emulando a los jardines del paraíso según la tradición persa. La superficie del agua refleja los edificios, produciendo un efecto adicional de simetría. Cada sección del jardín está dividida por senderos en dieciséis canteros de flores, con un estanque central de mármol a medio camino entre la entrada y el mausoleo, que devuelve la imagen reflejada del edificio. Ha logrado especial notoriedad por el carácter romántico de su inspiración; en 1983, fue reconocido por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad, amén de que ha sido nombrado una de Las Nuevas Siete Maravillas del Mundo Moderno.

El foco visual del Taj Mahal es, por supuesto, el mausoleo de mármol blanco. La tumba descansa en su interior, sobre un pedestal cuadrado en la sala central. Actualmente las tumbas reales se encuentran en un nivel inferior. La cúpula es lo más espectacular del conjunto. Su altura es de alrededor de 35 metros, apoyada en un tambor circular de siete metros de alto. La cúpula es "amrud", es decir, tiene forma de manzana. El tercio superior de la cúpula está decorado con un anillo de flores de loto en relieve, y en el remate una aguja dorada combina tradiciones islámicas e hindúes ya que termina en una luna creciente (motivo típico islámico); por su posición sobre la aguja, el tope de esta y los extremos de la luna combinados forman una figura de tridente imitando el símbolo tradicional hindú para Shiva.  

En cada esquina del pedestal se elevan cuatro grandes torres de más de 40 metros de alto, diseñadas como minaretes funcionales: un elemento tradicional de las mezquitas desde donde el almuecín llama a los fieles islámicos a la oración. Cada minarete fue construido levemente inclinado hacia afuera del conjunto para que, en caso de derrumbe —algo no tan improbable en ese tiempo para construcciones de semejante altura— el material cayera lejos del mausoleo. ¡Eso es prevención!
Prácticamente toda la superficie del complejo tiene adornos. Inteligentemente, la decoración se vuelve más o menos refinada y detallista conforme sea su altura versus la distancia de la vista. Los elementos que usaron fueron: caligrafía con pasajes del Corán, elementos geométricos abstractos y motivos vegetales, con tres técnicas diferentes: pintura o estuco sobre los muros, incrustación de piedras y esculturas. En el interior, la sala central presenta una decoración más exquisita ya que el material usado para las incrustaciones no es mármol o jade sino piedras preciosas y semipreciosas. Uno de los vigilantes nos mostró lo traslúcido de cierta gema semi-preciosa india utilizando una lamparita de mano… ¡alucinante!

El principal material empleado para la construcción es un mármol blanco traído en carretas tiradas por bueyes, búfalos, elefantes y camellos desde las canteras de Makrana, cerca de Jaipur que queda a más de 300 kilómetros de distancia. En total se utilizaron 28 tipos de gemas y piedras semipreciosas para hacer las incrustaciones en el mármol. Se emplearon más de 1.000 elefantes para transportar materiales de construcción desde los confines del continente: el jaspe se trajo del Panyab (donde está Amritsar, ¿se acuerdan?) y el cristal y el jade desde China. Desde el Tíbet se trajeron turquesas y desde Afganistán el lapislázuli, mientras que los zafiros provenían de Ceilán y la carnelia de Arabia.

¿Pues en cuanto salió? se preguntarán ustedes seguramente… pues aquí van algunas cifras: La construcción necesitó el esfuerzo de unos 20,000 obreros, a lo largo de 22 años. El costo total que supuso la construcción se estima en cincuenta millones de rupias. En aquel tiempo, un gramo de oro valía aproximadamente 1,40 rupias, de manera que según la valuación actual, la suma podría significar más de quinientos millones de dólares estadounidenses.
Hay tres aprendizajes más que quiero compartirles: 
  1. Dicen que el emperador solía mandar mutilar a los artesanos principales a fin de que no pudieran replicar su arte en otro edificio y opacaran su obra. Esto parece ser un tema repetitivo en varias culturas. Hoy en día, según nos contó el guía, sólo existen 300 familias con los conocimientos para reparar el Taj Mahal; hay patrones que ya nadie puede reproducir. Supongo que  Sha Jahan no tenía intenciones de ganar el reconocimiento de Mejor Empresa para Trabajar...

  2. Cuenta una vieja tradición popular que Sha Jahan tenía planes de construir un mausoleo idéntico en la ribera opuesta del río Yamuna, reemplazando el mármol blanco por negro pero que su hijo Aurangzeb lo destronó antes de que pudiera hacerlo. Recientemente se descubrió que en realidad lo que se construyó frente al Taj Mahal del otro lado del río, fue un jardín que mantenía la simetría tan apreciada por Sha Jahan, este complejo de jardines tenía una piscina octagonal, en la que se reflejaba la imagen del Taj Mahal, al verlo en el reflejo, se apreciaba un Taj Mahal de color negro.

  3. Una de las mejores fotos que puedes sacar es desde una banca de mármol que se encuentra posicionada en una plataforma sobre el estanque central. Y eso no lo digo yo… lo dijo la Princesa Diana de Gales, a quien le tomaron una foto ahí sentada, con el Mausoleo a su espalda. Ahora sacarse una foto en su misma postura representa la ambición de todo turista que visita este lugar. Sí… ¡nosotros también tenemos una!
Después de visitar el Taj, acudimos a verlo desde otro ángulo en un lugar bastante singular: la prisión dentro del fuerte de Agra en la que Aurangzeb encerró a su padre después de destronarlo por nueve años, hasta la muerte del antiguo emperador (en 1666).

El Fuerte de Agra, conocido simplemente como Fuerte Rojo está ubicado en la orilla oeste del río Yamuna, al noroeste del Taj Mahal. Construido en piedra de arenisca roja por el emperador mogol Akbar (abuelo de Sha Jahan) entre 1565 y 1573, puede ser descrito como un palacio amurallado pues en su interior existe un impresionante conjunto de palacios y edificios señoriales con distintos estilos arquitectónicos y rodeado de un profundo foso que se llenaba de agua del río Yamuna.


Es la fortaleza más importante de la India, considerada desde el año 1983 como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Los Grandes Emperadores del Imperio Mogol, Babur, Humayun, Akbar, Jahangir, Shah Jahan y Aurangzeb vivieron y gobernaron desde aquí. Contuvo el tesoro estatal. Fue visitado por los embajadores extranjeros, los viajeros y los dignatarios más altos que participaron en la historia de la India. La verdad, supongo que Sha Jahan hubiera preferido estar libre sus últimos 9 años…  aunque sea con esa vista.


Acto seguido, fuimos a conocer el arte de la incrustación en mármol justo al taller de una de las 300 familias que mencioné antes. Fue muy impresionante observar cómo se recrea un arte que tiene siglos de existir… una lástima que las nuevas generaciones no deseen aprenderlo.

Para terminar este largo día, por la noche nos llevaron a presenciar un espectáculo teatral titulado “Mohabat the Taj” que cuenta la leyenda de la vida de Shah Jahan y Mumtaz Mahal. El espectáculo estuvo un poco largo y me recordó al típico show de Televisa; lo que valió la pena es que al final suben al escenario una réplica del Mausoleo del Taj Mahal sobre la que replican la coloración del mármol en distintos momentos del día y climas utilizando luz y sonido. ¡Eso sí fue espectacular! Al final de la función, había oportunidad de retratarse con los actores… lamento informar que nadie quiso hacer el oso…
Próximo capítulo: Fatepur Sikri, una fantástica ciudad fantasma

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