domingo, febrero 09, 2014

Aunque le arranques los pétalos, no privarás de su belleza a la flor. ~Rabindranath Tagore

India 2013, Capítulo 9: Fatehpur Sikri, una fantástica ciudadela fantasma



Al día siguiente, muy temprano y ya listas con maletas, nuestro guía hizo una última parada antes de que emprendiéramos camino a nuestro siguiente destino: un viaje en tren a Ranthambore. Y dicha parada fue sorprendente. Nos llevó a visitar Fatehpur Sikri: una joya arquitectónica erigida por el emperador mogol Akbar entre 1571 y 1585, a 37 kilómetros de Agra. Tuvimos la gran oportunidad de visitarla estando casi vacía (al que madruga Dios le ayuda, dicen).
Esta maravilla fue construida en Sikri: una pequeña aldea sin pena ni gloria cuyo único acierto había sido ser el lugar de nacimiento del místico sufi Salin Chishti. Cuenta la leyenda que Akbar, seguidor de Salin, la construyó en su honor debido a que éste profetizó que tendría tres hijos varones cuando el emperador lo visitó como su último recurso pues estaba muy angustiado por la falta de herederos varones a pesar de tener tres esposas oficiales y un harén.
El emperador fue bienaventurado ya que sus tres príncipes nacieron sanos y fuertes; sin embargo, la fortuna no estuvo del lado de Fatehpur Sikri  ya que tuvo que ser abandonada por falta de agua. A pesar de haber sufrido saqueos, conserva su magnífica arquitectura ecléctica que la vuelve única.
Akbar fue vanguardista, algo que se refleja en esta ciudad que fue la capital del imperio mogol durante 14 años. Durante su reinado el imperio mogol incluía a hindúes y musulmanes. Las dos creencias religiosas estaban separadas por profundas diferencias; los musulmanes podían comer vaca, algo prohibido para los hindúes que la consideran un animal sagrado (prometo relatarles qué onda con la religión hindú más adelante). Lo mismo ocurría con las bebidas alcohólicas o el cerdo pero a la inversa. La mayoría del pueblo era hinduista mientras que los gobernantes eran musulmanes.
El emperador potenció entonces la tolerancia entre religiones – algo hasta entonces nunca visto y que aún en nuestro siglo XXI es una rareza. Intentó que se reconciliaran las diferencias creando una nueva religión a la que llamó Din-i-Ilahi que sincretizaba el hinduismo, el islamismo, el zoroastrismo y el cristianismo. Rechazó el impuesto de la yizia que se aplicaba a los no musulmanes y se casó con diversas princesas indias.
Akbar amaba el conocimiento y tenía por costumbre invitar a personas de diversas religiones –inclusive hay una pintura donde se distinguen claramente sacerdotes jesuitas- para discutir sobre asuntos mundanos. Fue mecenas de numerosos talentos literarios y ordenó transcribir un sinnúmero de escritos científicos del sánscrito al persa. Creo una biblioteca de más de 24,000 volúmenes, convirtiendo a sus cortes de Agra, Delhi y Fatehpur Sikri en reconocidos centros culturales y de aprendizaje. Tenía una escuela para su harén y en su gobierno tenía un “gabinete” de confianza constituido por artistas y eruditos en distintas materias que llamaba “las nueve joyas”. Sin duda, su reinado de solidez y estabilidad económica derivó en expansión comercial y, por tanto, en inclusión cultural y religiosa, influyendo significativamente en el curso de la historia de la India.
Existen varios espacios privados, políticos y religiosos muy bien demarcados, donde figuran ornamentos esculpidos en la piedra arenisca que son en verdad asombrosos. Un detalle simpático es un tablero de parchís gigante en el pavimento del patio principal, donde las jóvenes de su harén funcionaban como piezas para jugar partidos al aire libre.  Asimismo, hay una pequeña piscina donde se dice que se reunía con su gabinete en las tardes calurosas a escuchar música. 
Los espacios privados incluyen pabellones para cada una de sus esposas principales, y la decoración refleja los gustos y la religión de cada una, ya sea en estilo hindú o musulmán… cabe mencionar que el más grande perteneció a la esposa que le dio a los tres príncipes.  
Entre los sitios de culto está una mezquita y un templo hindú, amén de la tumba del famoso místico sufí. Aún hoy, la gente acude a visitar la tumba y a atar hilos de algodón en el intrincado adorno que forma un cancel de mármol como ofrenda para que sus deseos se hagan realidad al igual que el santo materializó el de Akbar.
Entre los espacios dedicados a la política, encontramos la sala de audiencias privadas con un axis central impresionante, representando el poder supremo del emperador.  
Y no puedo dejar de mencionar un faro llamado Hiran Minar pues a su alrededor tiene adornos simulando los colmillos de muchos elefantes, en honor Hiran, el elefante preferido de Akbar. Dicen que colgaban lámparas en los “colmillos” para guiar a la gente hacia la ciudad. 

Después de recorrer la ciudadela a detalle, salimos del sitio admirando a Akbar y su forma de pensar y gobernar… no en vano es reconocido como el más grande emperador entre la dinastía mogol.
Próximo capítulo: De camino al reino de los tigres

viernes, febrero 07, 2014

¿Alguna vez construiste un castillo en el aire? Aquí está uno, traído a la tierra para el asombro de los siglos. ~Bayard Taylor

India 2013, Capítulo 8: Frente al Taj Mahal


De Amritsar volamos de regreso a Nueva Delhi, donde fuimos recibidas por Ahmed y nuestro chofer Sij, Sono. Luego de un tranquilo traslado en carretera de cuatro horas, llegamos a Agra: una ciudad situada a orillas del río Yamuna, en el estado de Uttar Pradesh, que fue la capital del Imperio mogol entre 1556 y 1658 teniendo su máximo apogeo y esplendor durante los reinados de Akbar, Jahangir y Sha Jahan, antes de que la capital del imperio se trasladara a Delhi.

Atravesamos una parte de la ciudad que desafortunadamente nos dio la impresión de ser el lugar más lleno de basura que habíamos visto hasta ahora. Nos registramos en nuestro hotel Taj Gateway Agra, donde nos recibieron pintándonos un punto rojo en la frente y desde cuya habitación vimos por primera vez el famoso Taj Mahal.


Al llegar al complejo, nos advirtió que en la entrada seguramente habría personas que ofrecerían sacarnos “las mejores” fotos con el mausoleo por un precio; nos recomendó que, dado que nosotros traíamos cámara y él visita a diario el sitio, nos rehusáramos pues él conocía los lugares óptimos para las fotos y nos podía sacar todas las que quisiéramos. Asimismo, nos comentó que no se puede entrar al mausoleo con zapatos, pero que previniendo eso, él traía cobertores especiales a fin de no tener que dejar el calzado al cuidado del servicio del lugar – ¡esto me recordó la escena de Slumdog Millionaire y agradecí no arriesgarme a perder mis tenis preferidos!

Una vez que pasamos el centro de visita donde te advierten todo lo que no puedes introducir al complejo, caminamos hacia la primera estructura, el Darwaza o arco de acceso al Mausoleo.  Antes de cruzarlo, el guía nos explicó que Taj Mahal es un complejo de edificios –arco de entrada, mezquita, mausoleo y la casa de invitados- construido a orillas del río Yamuna por el emperador musulmán Shah Jahan de la dinastía mogola en honor de su esposa favorita, Arjumand Bano Begum —más conocida como Mumtaz Mahal— que murió en el parto de su decimocuarta hija (definitivamente se merecía un monumento). La palabra “Taj” proviene del persa, lenguaje de la corte mogol, y significa "Corona", mientras que "Mahal" es una variante corta de Mumtaz Mahal, el nombre formal en la corte de Arjumand Banu Begum, cuyo significado es "Joya del palacio". Taj Mahal, entonces, refiere a la corona de Mahal, la amada esposa de Sha Jahan.
El conjunto tiene su eje principal perpendicular a la ribera del río Yamuna. En el centro, los amplios jardines divididos en cuadros se organizan mediante la cruz formada por los canales, emulando a los jardines del paraíso según la tradición persa. La superficie del agua refleja los edificios, produciendo un efecto adicional de simetría. Cada sección del jardín está dividida por senderos en dieciséis canteros de flores, con un estanque central de mármol a medio camino entre la entrada y el mausoleo, que devuelve la imagen reflejada del edificio. Ha logrado especial notoriedad por el carácter romántico de su inspiración; en 1983, fue reconocido por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad, amén de que ha sido nombrado una de Las Nuevas Siete Maravillas del Mundo Moderno.

El foco visual del Taj Mahal es, por supuesto, el mausoleo de mármol blanco. La tumba descansa en su interior, sobre un pedestal cuadrado en la sala central. Actualmente las tumbas reales se encuentran en un nivel inferior. La cúpula es lo más espectacular del conjunto. Su altura es de alrededor de 35 metros, apoyada en un tambor circular de siete metros de alto. La cúpula es "amrud", es decir, tiene forma de manzana. El tercio superior de la cúpula está decorado con un anillo de flores de loto en relieve, y en el remate una aguja dorada combina tradiciones islámicas e hindúes ya que termina en una luna creciente (motivo típico islámico); por su posición sobre la aguja, el tope de esta y los extremos de la luna combinados forman una figura de tridente imitando el símbolo tradicional hindú para Shiva.  

En cada esquina del pedestal se elevan cuatro grandes torres de más de 40 metros de alto, diseñadas como minaretes funcionales: un elemento tradicional de las mezquitas desde donde el almuecín llama a los fieles islámicos a la oración. Cada minarete fue construido levemente inclinado hacia afuera del conjunto para que, en caso de derrumbe —algo no tan improbable en ese tiempo para construcciones de semejante altura— el material cayera lejos del mausoleo. ¡Eso es prevención!
Prácticamente toda la superficie del complejo tiene adornos. Inteligentemente, la decoración se vuelve más o menos refinada y detallista conforme sea su altura versus la distancia de la vista. Los elementos que usaron fueron: caligrafía con pasajes del Corán, elementos geométricos abstractos y motivos vegetales, con tres técnicas diferentes: pintura o estuco sobre los muros, incrustación de piedras y esculturas. En el interior, la sala central presenta una decoración más exquisita ya que el material usado para las incrustaciones no es mármol o jade sino piedras preciosas y semipreciosas. Uno de los vigilantes nos mostró lo traslúcido de cierta gema semi-preciosa india utilizando una lamparita de mano… ¡alucinante!

El principal material empleado para la construcción es un mármol blanco traído en carretas tiradas por bueyes, búfalos, elefantes y camellos desde las canteras de Makrana, cerca de Jaipur que queda a más de 300 kilómetros de distancia. En total se utilizaron 28 tipos de gemas y piedras semipreciosas para hacer las incrustaciones en el mármol. Se emplearon más de 1.000 elefantes para transportar materiales de construcción desde los confines del continente: el jaspe se trajo del Panyab (donde está Amritsar, ¿se acuerdan?) y el cristal y el jade desde China. Desde el Tíbet se trajeron turquesas y desde Afganistán el lapislázuli, mientras que los zafiros provenían de Ceilán y la carnelia de Arabia.

¿Pues en cuanto salió? se preguntarán ustedes seguramente… pues aquí van algunas cifras: La construcción necesitó el esfuerzo de unos 20,000 obreros, a lo largo de 22 años. El costo total que supuso la construcción se estima en cincuenta millones de rupias. En aquel tiempo, un gramo de oro valía aproximadamente 1,40 rupias, de manera que según la valuación actual, la suma podría significar más de quinientos millones de dólares estadounidenses.
Hay tres aprendizajes más que quiero compartirles: 
  1. Dicen que el emperador solía mandar mutilar a los artesanos principales a fin de que no pudieran replicar su arte en otro edificio y opacaran su obra. Esto parece ser un tema repetitivo en varias culturas. Hoy en día, según nos contó el guía, sólo existen 300 familias con los conocimientos para reparar el Taj Mahal; hay patrones que ya nadie puede reproducir. Supongo que  Sha Jahan no tenía intenciones de ganar el reconocimiento de Mejor Empresa para Trabajar...

  2. Cuenta una vieja tradición popular que Sha Jahan tenía planes de construir un mausoleo idéntico en la ribera opuesta del río Yamuna, reemplazando el mármol blanco por negro pero que su hijo Aurangzeb lo destronó antes de que pudiera hacerlo. Recientemente se descubrió que en realidad lo que se construyó frente al Taj Mahal del otro lado del río, fue un jardín que mantenía la simetría tan apreciada por Sha Jahan, este complejo de jardines tenía una piscina octagonal, en la que se reflejaba la imagen del Taj Mahal, al verlo en el reflejo, se apreciaba un Taj Mahal de color negro.

  3. Una de las mejores fotos que puedes sacar es desde una banca de mármol que se encuentra posicionada en una plataforma sobre el estanque central. Y eso no lo digo yo… lo dijo la Princesa Diana de Gales, a quien le tomaron una foto ahí sentada, con el Mausoleo a su espalda. Ahora sacarse una foto en su misma postura representa la ambición de todo turista que visita este lugar. Sí… ¡nosotros también tenemos una!
Después de visitar el Taj, acudimos a verlo desde otro ángulo en un lugar bastante singular: la prisión dentro del fuerte de Agra en la que Aurangzeb encerró a su padre después de destronarlo por nueve años, hasta la muerte del antiguo emperador (en 1666).

El Fuerte de Agra, conocido simplemente como Fuerte Rojo está ubicado en la orilla oeste del río Yamuna, al noroeste del Taj Mahal. Construido en piedra de arenisca roja por el emperador mogol Akbar (abuelo de Sha Jahan) entre 1565 y 1573, puede ser descrito como un palacio amurallado pues en su interior existe un impresionante conjunto de palacios y edificios señoriales con distintos estilos arquitectónicos y rodeado de un profundo foso que se llenaba de agua del río Yamuna.


Es la fortaleza más importante de la India, considerada desde el año 1983 como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Los Grandes Emperadores del Imperio Mogol, Babur, Humayun, Akbar, Jahangir, Shah Jahan y Aurangzeb vivieron y gobernaron desde aquí. Contuvo el tesoro estatal. Fue visitado por los embajadores extranjeros, los viajeros y los dignatarios más altos que participaron en la historia de la India. La verdad, supongo que Sha Jahan hubiera preferido estar libre sus últimos 9 años…  aunque sea con esa vista.


Acto seguido, fuimos a conocer el arte de la incrustación en mármol justo al taller de una de las 300 familias que mencioné antes. Fue muy impresionante observar cómo se recrea un arte que tiene siglos de existir… una lástima que las nuevas generaciones no deseen aprenderlo.

Para terminar este largo día, por la noche nos llevaron a presenciar un espectáculo teatral titulado “Mohabat the Taj” que cuenta la leyenda de la vida de Shah Jahan y Mumtaz Mahal. El espectáculo estuvo un poco largo y me recordó al típico show de Televisa; lo que valió la pena es que al final suben al escenario una réplica del Mausoleo del Taj Mahal sobre la que replican la coloración del mármol en distintos momentos del día y climas utilizando luz y sonido. ¡Eso sí fue espectacular! Al final de la función, había oportunidad de retratarse con los actores… lamento informar que nadie quiso hacer el oso…
Próximo capítulo: Fatepur Sikri, una fantástica ciudad fantasma

domingo, febrero 02, 2014

No dejes que se muera el sol sin que hayan muerto tus rencores. ~Mahatma Gandhi

India 2013, Capítulo 7: El bizarro ritual de la frontera con Pakistán


Después de visitar el sitio de la Masacre de Amritsar, fuimos a comer a un restaurante de la ciudad.  En un local casi vacío llamado “Narula’s Multi-cuisine Family Restaurant”, disfrutamos probando más platillos de la maravillosa cocina vegetariana hindú. Hacía calor así que yo elegí probar la cerveza local “Kingfisher” sin sospechar que me darían una botella grande de la fórmula súper fuerte que sólo se vende en Punjab. Como podrán constatar en la foto ¡no llegué muy lejos!

A eso de las 16:30 horas y con pasaporte en mano, emprendimos el camino hacia la frontera Wagha para ser partícipes de uno de los cambios de guardia más extraños que hemos tenido oportunidad de presenciar.


Wagah  es una aldea que por azares del destino quedó dividida por la controversial Línea Radcliffe: la demarcación fronteriza que divide India y Pakistán a partir de la Partición de la India acordada en la independencia de 1947. Por tanto, cuenta con una carretera que cruza de un país al otro pues se encuentra entre las ciudades de Amritsar (India) y Lahore (Pakistán).  
La Partición de la India condujo a la creación el 14 de agosto de 1947 y el 15 de agosto de 1947, respectivamente, de dos estados soberanos, como resultado del otorgamiento de la independencia a India británica por el Reino Unido: el Dominio de Pakistán (posteriormente República Islámica de Pakistán); y la Unión de la India (posteriormente República de la India). La 'partición' se refiere a la división de la provincia de Bengala de la India británica en la provincia pakistaní de Bengala Oriental (posteriormente Pakistán Oriental, hoy Bangladés) y la provincia india de Bengala occidental, como también la partición en forma similar de la región de Punjab de la India británica en la provincia de Punjab de Pakistán Occidental y la provincia (estado) india de Punab, además de la división del Ejército Indio Británico, el Indian Civil Service y otros servicios administrativos, los ferrocarriles, el tesoro central y otros bienes. La creación de dos países de autogobierno legal entró en vigor al filo de la medianoche el 15 de agosto de 1947. Las ceremonias para la transferencia del poder se llevaron a cabo un día antes en Karachi, para permitir al último Virrey británico, Louis Mountbatten, asistir tanto a la ceremonia en Karachi como a la de Nueva Delhi. Pakistán celebra el Día de la Independencia el 14 de agosto, mientras que la India lo celebra el 15 de agosto.

La pequeña aldea de Wagah es particularmente conocida por la ceremonia de cambio de guardia de la única frontera comercial razonablemente amistosa entre los dos países, misma que se lleva a cabo diariamente a las 17:00 horas.

Dejamos el auto en un estacionamiento para después caminar un buen trecho entre vendedores de banderas indias. Por supuesto no pude resistir la tentación de adquirir una aunque fuera de plástico ni de acceder a que un chiquillo de ojos hermosos y sonrisa ganadora pintara los colores de la bandera en mi brazo. Después de todo, “donde quiera que fueres, haz lo que vieres”.


El guía nos explicó que no nos podía acompañar al lugar de la ceremonia pero que nos vería al regreso. Nos mandó a la fila de los extranjeros y siguiendo a la gente nos sentamos lo más arriba posible en unas gradas de concreto. A la derecha de la sección reservada para extranjeros, empezaba la de los locales, misma que estaba llena a tope.
En tanto comenzaba la ceremonia como tal, pusieron música india, que era coreada por el público. Frente a las gradas se podían apreciar los soldados indios con sus extraños uniformes caqui con crestas rojas.


En la parte superior de las gradas, se apreciaba una fotografía de Mahatma Gandhi. Había una larga fila de chicas indias formadas esperando ser portadoras de la bandera india, misma que se encargaban de llevar corriendo algo parecido a una vuelta olímpica hasta la reja que divide a los dos países donde estaban ubicadas las dos banderas. Rara vez he observado tan de cerca la expresión de orgullo nacional.


Mucha gente ondeaba banderas de India y se divertía “echando porras” Indostán (País de los Indios), siguiendo a alguien que los dirigía en hindi a través de los altavoces. Mientras todo eso sucedía, un buen número de jovencitas bailaban a ritmo de la música popular, contagiando a todo el mundo con su energía. La única pieza que pudimos reconocer y medio corear fue la canción Jai ho de la película “¿Quién quiere ser millonario? o Slumdog Millionaire.


Al otro lado de la reja, sucedía algo similar aunque con bastante menos gente y, por tanto, menos volumen. Los soldados pakistaníes tenían un uniforme bastante similar al de los indios, pero en gris y negro.
 
Al fin, todos fuimos llamados al orden para iniciar la ceremonia real, que comenzó con soldados de ambos lados desfilando con un paso furioso, primero uno que pareciera tratar de impresionar o asustar a los del otro bando; después de varias acciones similares sumando participantes de cada regimiento, al fin llega el momento de abrir la reja de hierro y bajar ambas banderas en un movimiento perfectamente coordinado por un soldado de infantería (Jawan) de cada país. Esto se ve coronado por un hermoso atardecer durante el cual las banderas son dobladas y retiradas después de un brusco apretón de manos de los jawans que precede al cierre de la reja.  
No sé ustedes pero, la verdad es que yo nunca había visto un cambio de guardia así.

Estaba acostumbrada a los serios y marciales rituales militares y lo que vimos realmente fue sorprendente. La ceremonia ha sido descrita como “una cuidadosamente coreografiada muestra de desprecio”. Yo añadiría “bizarra” a esos adjetivos.

Próximo capítulo:  Frente al Taj Mahal

 

viernes, enero 31, 2014

La violencia es el miedo a los ideales de los demás. ~Mahatma Gandhi

India 2013, Capítulo 6: En la vida todo es cuestión de perspectiva


Después de maravillarnos con el Templo Dorado acudimos a recorrer un jardín público cercano llamado Jalian Wala Bagh que alberga un memorial y un pequeño museo dedicado a conmemorar un hecho histórico muy relevante, pero nada agradable. Aquí entra en juego mi reflexión de que en la vida todo es cuestión de perspectiva y, específicamente en la historia, eres héroe o villano dependiendo de si concuerdas o no con las creencias de quien la narra.

Les cuento: Durante la ocupación de la India, el gobierno británico promulgó un decreto que contenía una serie de recomendaciones, elaboradas por una Comisión denominada Rowlatt, que fuera creada para investigar la existencia de una probable conspiración. Mediante esta ley se le confirió al Virrey poderes extraordinarios para reprimir cualquier acto que pudiese ser considerado como sedicioso, lo cual incluía silenciar la prensa, detener a activistas políticos sin orden judicial y arrestar a cualquier persona que fuese sospechosa de rebeldía. En protesta se llamó a una huelga general en el país, siendo esta el inicio de un creciente descontento por los abusos cometidos por el poder colonial. Si esta situación les suena familiar, no son nada despistados.

La agitación reinante trajo funestas consecuencias, particularmente el 13 de abril de 1919 en lo que se conoce como la Masacre de Amritsar, cuando tropas británicas comandadas por el general Reginald Dyer dispararon contra una multitud que incluía mujeres y niños congregada en Jalian Wala Bagh, un jardín amurallado, para celebrar el festival hindú de Baisakhi, sin tener conocimiento de la existencia de una orden marcial.
El jardín comprendía 28,000 m² y estaba amurallado por todos lados a excepción de cinco entradas; cuatro de estas entradas eran muy estrechas, admitiendo sólo a unas pocas personas a la vez. La quinta entrada fue bloqueada por los soldados armados, así como por dos carros blindados armados con ametralladoras ya que estos vehículos no pudieron pasar. Al ingresar en el recinto, el general ordenó a las tropas que abrieran fuego directamente sobre la multitud, sin previo aviso. El tiroteo siguió hasta que el suministro de 1,650 balas se agotó. El fuego siguió sin parar durante aproximadamente 10 minutos.


De vez en cuando, Dyer "comprobaba el fuego y lo dirigía sobre los sitios donde la muchedumbre era más apretada". Hizo esto no porque la gente fuera lenta en dispersarse, sino porque él "había decidido castigarlos por haberse reunido allí". Al principio algunos soldados dispararon al aire, ante lo cual Dyer gritó: "¡Fuego bajo! ¿Para qué los han traído aquí?" Más tarde, el propio testimonio de Dyer reveló que no se les dio ninguna advertencia para dispersarse y él no sintió ningún remordimiento por haber ordenado que sus tropas dispararan.


Los informes oficiales británicos estimaron 379 muertos y más de 1,000 heridos. Sin embargo, el doctor Smith, un cirujano civil británico de la ciudad, calculó más de 1,800 fallecimientos. Esta masacre le ganó al general Dyer el infame epíteto de «carnicero de Amritsar» en la India y, por supuesto, minó la buena voluntad de los indios hacia los británicos y echando por tierra la esperanza de la autonomía de la India. Marcó permanentemente las relaciones entre la India y el Reino Unido Gran Bretaña e Irlanda, siendo históricamente el preludio del movimiento de no cooperación que encabezó Mahatma Gandhi entre los años1920 y 1922. 

El gobierno británico sometió a Dyer a una extensa investigación. Al finalizarla, Dyer fue citado por el teniente general Sir Havelock Hudson, quien le dijo que estaba relevado del mando. Más tarde, el comandante en jefe en India, general sir Charles Carmichael Monro le hizo dimitir a su puesto y le dijo que no obtendría otro. Hubo gente en Inglaterra que lo recibió como héroe defensor de los europeos y lo mantuvo económicamente. En 1921, el general Dyer quedó paralítico como producto de un derrame y jamás se recuperó. Falleció en Long Ashton, cerca de Bristol, Inglaterra el 23 de julio de 1927.
Como un somero ejemplo de la controversia que causaron las acciones de Dyer, mientras que en protesta contra la matanza, el escritor y premio Nobel Rabindranat Tagore renunció a su título de Sir (caballero), el escritor británico Rudyard Kipling expresó su apoyo al general Dyer, afirmando que había "salvado a la India". El Morning Post lo recordó en un artículo titulado "El hombre que salvó a la India" y "Cumplió con su deber" pero el Westminster Gazette escribió una opinión contraria, "Ninguna acción británica, durante el curso de nuestra historia en India, ha dado un golpe tan severo a la fe india en la justicia británica como la masacre en Amritsar."

 
Michael O’Dwyer, el entonces teniente gobernador de Panyab, apoyó al General Dyer por sus acciones y había llamado a la masacre una acción "correcta". En su libro, India as I Knew It (India como la conocí), escribió en 1925 «Los panyabís rápidamente aprendieron la lección, la revolución es una cosa peligrosa».  Su afirmación fue contradicha quince años después: el 13 de marzo de 1940, en Caxton Hall en el corazón de Londres, Michael O’Dwyer fue asesinado a tiros por un panyabí, Shaheed Udham Singh, en venganza por la masacre de Amritsar en particular y su dominio de represión política en Panyab en general. Asumo que no hace falta decirles quién es admirado como héroe en India, ¿verdad?



Siguiente capítulo: El bizarro ritual de la frontera con Pakistán.


domingo, enero 19, 2014

El Dios sin forma se encuentra entretejido dentro de cada corazón. ~Afirmación Sij

India 2013, Capítulo 4: Amritsar


Dejamos Delhi para tomar un vuelo a Amritsar. Les cuento que supe que este lugar existía por una película bastante sui géneris llamada “Bride and Prejudice”: la versión Bollywood -apodo popular para la industria del cine de India que produce más filmes al año que Hollywood- de mi amada obra clásica “Orgullo y Prejuicio” escrita por la británica Jane Austen.

Amritsar se sitúa al norte de la India, casi esquina con Pakistán. Lo primero distinto que notamos comparado con Delhi es que en Amritsar, al estar tan cerca de una frontera hostil, la seguridad es bastante más compleja… en el aeropuerto, en los hoteles y hasta en los centros comerciales te registran en la entrada y se ven soldados por todos lados.

Dejamos maletas en el hotel y nos reencontramos con nuestro guía local quien nos reveló que poéticamente, el significado de Amritsar es “El Estanque del Néctar de la Inmortalidad”. Es hogar del Harmandir Sahib, conocido también como Templo Dorado, epicentro cultural y espiritual de la religión Sij. Para mi sorpresa, ¡me enteré que este santuario atrae más visitantes aún que el mismísimo Taj Mahal!



Banderas de bienvenida al Templo Dorado
En tanto llegábamos al Templo Dorado, nos platicó que Amritsar fue fundada por el Gurú Ram Das bajo el nombre de Sarovar en 1564. Eligió este lugar porque su ubicación era privilegiada ya que constituía un punto de paso obligado para quienes recorrían la ruta de la seda. Justo por su posición estratégica, esta ciudad fue conquistada por los mongoles (ahora sí los mongoles, no los mogoles) y luego por los afganos. Ya en tiempos de los británicos, sufrió algunos de los peores disturbios y hechos de violencia durante la separación de las Indias británicas en las actuales repúblicas de la India y Pakistán.

Después de esa breve introducción, nos acercamos a la entrada del Templo Dorado. Amén de ser una maravilla arquitectónica, para mí este templo es un ejemplo de cómo se vive una religión. Para explicarme mejor, les platico un poco sobre los Sij.

El sijismo -o sikhismo- surgió a finales del siglo XV en Punjab (la provincia donde está Amritsar). Su fundador reconocido es el Gurú Nanak, el cual tuvo una infancia muy influenciada por el hinduismo y el Islam. Él decía que ambas religiones decían cosas parecidas, y pretendió unificarlas tomando lo mejor de cada una. Inició este nuevo pensamiento y religión que atrajo a muchos seguidores, los cuales transmitieron el sijismo. Gurú quiere decir “maestro”.

Es sijismo es una religión monoteísta, y se opone al sistema de castas ya que piensa que todos los hombres son iguales. Los varones sijes utilizan un segundo nombre Singh (que significa ‘león’) tras su nombre de pila. Las mujeres utilizan Kaur (que significa ‘princesa’) como segundo nombre. El rechazo de los sijes al sistema de castas se refleja en que muchos sijes prefieren evitar el uso del apellido, muy ligado a la identificación de las castas, utilizando solo su nombre de pila seguido de Singh o Kaur.
 
Hoy en día los sij apenas constituyen el 2% de la población india, pero es una religión muy importante en las tradiciones indias. Su libro sagrado es el "Guru Granth Sabih", donde aparecen las enseñanzas de Guru Nanak. A veces este libro se considera como si fuera el mismo Dios. Dios es inmortal, es el creador y le llaman Sat Nam.

La escritura sagrada sij empieza con el Mul Mantar que es un canto de inicio que describe los atributos esenciales del único Dios, creado de la nada. Dios es masculino y femenino al mismo tiempo, está por encima de la emociones humanas y es puro amor y compasión.

Finalmente, esta doctrina inculca en sus seguidores la humildad y el bien hacia los demás; promueve el desarrollo de una relación personal con Dios, y apoya la creencia en un Dios bondadoso que responde a las plegarias. Del hinduismo toma la idea del Karma y la reencarnación.
 


Los sijes practicantes (hombres) deben llevar siempre estos artículos:
  1. kesh: pelo largo sin cortar (de ahí el uso de turbantes)
  2. khanga: un pequeño peine de madera para recogerse el pelo
  3. kara: un brazalete metálico
  4. kacha: ropa interior de algodón
  5. kirpán: en sus orígenes era una espada ceremonial, pero actualmente no es más que una pequeña daga. Simboliza poder y libertad de espíritu, autorrespeto, la lucha constante del bien y la moralidad sobre la injusticia. El kirpán nunca debe desenvainarse para atacar, pero puede usarse para la autodefensa o para proteger a un tercero.
El símbolo distintivo sij se llama Khanda y está formado por cuatro armas, el khanda, situado entre dos espadas curvas llamadas kirpanes y un chakkar, arma con forma de disco. Cada arma tiene un significado diferente:
  • khanda: espada recta que simboliza el conocimiento de Dios
  • kirpanes: espadas curvas que representan la soberanía política y espiritual
  • chakkar: arma en forma de disco que simboliza la unicidad de Dios




 

Confiando en poder haberles enamorado un poco de los sij, en el próximo capítulo les contaré a detalle mi encuentro con el fabuloso Templo Dorado.


 

Creo en un mundo unido, y llegará el tiempo en que la gente sabrá preservar su individualidad y, a la vez, abatir barreras divisorias. ~Indira Gandhi

India 2013, Capítulo 3: La vieja Delhi


Un nuevo día amaneció en Delhi y nos preparamos para visitar sus sectores más antiguos. Rehka nos llevó primero a Jamma Masjid, la mezquita más grande de la India, que data del 1658 y representa la última extravagancia arquitectónica de Shah Jahan (el Mogol que construyó el Taj Mahal). Nada despistado, Shah Jahan la edificó en lo alto de una pequeña colina a la que accedes por una escalinata. Esta ubicación privilegiada permite que su fachada sea visible desde numerosos puntos de la zona y que se puedan disfrutar de vistas espectaculares desde la cima.  Al llegar al acceso, nos recibieron con la noticia de que teníamos que entrar sin calzado, amén de cubiertas con una extraña vestimenta… como es indescriptible, mejor les comparto la foto (se vale reírse de la facha).


Jamma Masjid
El tamaño de su patio es suficiente  para que 25,000 musulmanes recen a la vez, cada uno desde su alfombrita orientada a la Mecca. Notorio es que la mezquita contiene algunas reliquias de Mahoma: un pelo, una sandalia y la huella de su pisada… el furor por coleccionar efectos personales de las celebridades no es cosa nueva.
Chandni Chowk


Después de sacar muchas fotos, descendimos para tomar un rickshaw (bicitaxi en cristiano) en el que  cruzamos Chandni Chowk: el colorido mercado principal de la ciudad, con más de 300 años de existencia.
El recorrido fue la primera vez que nos enfrentamos a la verdadera India: de repente nos vimos rodeadas de toda clase de productos, colores, olores, sonidos, vehículos, animales y, por supuesto, gente. Mi descubrimiento sobre este vertiginoso serpenteo fue que los peatones, los animales y los conductores que deambulan por este país parecen tener un absoluto dominio del espacio que ocupan y un acuerdo tácito de no invasión pues, a pesar de la cantidad de tráfico de todo tipo que recorre los angostos caminos y de siempre estar “a punto” de converger, no vimos un solo accidente durante nuestra estancia. Estoy segura de que algo tenemos que aprender de ellos.

Al final del paseo llegamos a nuestro destino: el Fuerte Rojo de Delhi. Este Fuerte fue un palacio residencial cuando nuestro amigo Shah Jahan trasladó su capital desde Agra buscando dar más prestigio a su imperio y llevar a cabo sus ambiciosos esquemas de construcción. Se le apoda “rojo” por el color de la piedra arenisca que se usó para su construcción y data de 1648. Se concibió como una unidad y a pesar de que ya tiene sus añitos, no ha sufrido demasiadas modificaciones con todo y que el ejército británico lo ocupó en 1857, destruyendo varios pabellones y jardines interiores. Su diseño evoca una réplica del paraíso descrito en el Corán; en una frase escrita de forma repetitiva en las paredes del palacio se puede leer: "Si existe un paraíso en la tierra, está aquí, está aquí". Es uno de los ejemplos más claros del estilo arquitectónico mogol que mezcló elementos de influencia hindú con prototipos islámicos.



Raj Ghat
Saliendo del Fuerte Rojo, nos dirigimos a Raj Ghat: el lugar donde fue incinerado Gandhi tras su asesinato en 1948. Desafortunadamente, no llegamos más allá de la entrada pues algún político tendría un evento ahí y tuvimos que conformarnos con sacar fotos desde lejos.





Al regreso al hotel ya con hambre seguimos la recomendación de Rekha de comer en el reconocido restaurante Dhaba. Degustamos por primera vez varios platos de mi amada cocina india. Como entrada elegimos lo que cariñosamente optamos por llamar “piñas al pastor” porque justamente a eso sabían, aunque el adobo estaba un poco más picante. Los siguientes platos fueron vegetarianos y para el postre descubrimos un nuevo favorito: bolitas de queso cottage con miel. Al final de la cena, en lugar de los típicos chicles o dulces de tamarindo, nos ofrecieron unos simpáticos digestivos muy a la usanza india: semillitas de distintas especias, delicioso, saludable y muy colorido.


Luego de los sagrados alimentos, nos dirigimos a la casa donde Gandhi fue asesinado, misma que estratégicamente estaba a distancia caminable del hotel. Es un museo interesante. La planta baja tiene una exhibición permanente sobre la vida y obra de Gandhi, copias de sus publicaciones y una serie bastante curiosa de maquetas que muestran los hitos de su vida. En la planta alta pudimos disfrutar de una exposición itinerante e interactiva sobre la filosofía de Gandhi, dirigida a público infantil y juvenil.
Las dos cosas que más me emocionaron fueron lo último que vimos antes de salir del museo: la última habitación que ocupó donde se ven sus objetos personales, y el lugar específico ubicado en el jardín donde lo asesinaron. La austeridad con la que vivió y la frase “Mi mensaje es mi vida” colgado en ese último recinto, realmente me dejó conmovida.

Cabe mencionar que ahí descubrí que la rueca que forma parte de la bandera de India es un homenaje a la que usó siempre el que ellos llaman “padre de la patria”. Reza un viejo adagio en el que tanto creo “Entre más grande seas, más humilde debes ser”… y aquí está más que comprobado.


Así nos despedimos de Delhi… próximo capítulo: Amritsar y su templo dorado.