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domingo, enero 19, 2014

Creo en un mundo unido, y llegará el tiempo en que la gente sabrá preservar su individualidad y, a la vez, abatir barreras divisorias. ~Indira Gandhi

India 2013, Capítulo 3: La vieja Delhi


Un nuevo día amaneció en Delhi y nos preparamos para visitar sus sectores más antiguos. Rehka nos llevó primero a Jamma Masjid, la mezquita más grande de la India, que data del 1658 y representa la última extravagancia arquitectónica de Shah Jahan (el Mogol que construyó el Taj Mahal). Nada despistado, Shah Jahan la edificó en lo alto de una pequeña colina a la que accedes por una escalinata. Esta ubicación privilegiada permite que su fachada sea visible desde numerosos puntos de la zona y que se puedan disfrutar de vistas espectaculares desde la cima.  Al llegar al acceso, nos recibieron con la noticia de que teníamos que entrar sin calzado, amén de cubiertas con una extraña vestimenta… como es indescriptible, mejor les comparto la foto (se vale reírse de la facha).


Jamma Masjid
El tamaño de su patio es suficiente  para que 25,000 musulmanes recen a la vez, cada uno desde su alfombrita orientada a la Mecca. Notorio es que la mezquita contiene algunas reliquias de Mahoma: un pelo, una sandalia y la huella de su pisada… el furor por coleccionar efectos personales de las celebridades no es cosa nueva.
Chandni Chowk


Después de sacar muchas fotos, descendimos para tomar un rickshaw (bicitaxi en cristiano) en el que  cruzamos Chandni Chowk: el colorido mercado principal de la ciudad, con más de 300 años de existencia.
El recorrido fue la primera vez que nos enfrentamos a la verdadera India: de repente nos vimos rodeadas de toda clase de productos, colores, olores, sonidos, vehículos, animales y, por supuesto, gente. Mi descubrimiento sobre este vertiginoso serpenteo fue que los peatones, los animales y los conductores que deambulan por este país parecen tener un absoluto dominio del espacio que ocupan y un acuerdo tácito de no invasión pues, a pesar de la cantidad de tráfico de todo tipo que recorre los angostos caminos y de siempre estar “a punto” de converger, no vimos un solo accidente durante nuestra estancia. Estoy segura de que algo tenemos que aprender de ellos.

Al final del paseo llegamos a nuestro destino: el Fuerte Rojo de Delhi. Este Fuerte fue un palacio residencial cuando nuestro amigo Shah Jahan trasladó su capital desde Agra buscando dar más prestigio a su imperio y llevar a cabo sus ambiciosos esquemas de construcción. Se le apoda “rojo” por el color de la piedra arenisca que se usó para su construcción y data de 1648. Se concibió como una unidad y a pesar de que ya tiene sus añitos, no ha sufrido demasiadas modificaciones con todo y que el ejército británico lo ocupó en 1857, destruyendo varios pabellones y jardines interiores. Su diseño evoca una réplica del paraíso descrito en el Corán; en una frase escrita de forma repetitiva en las paredes del palacio se puede leer: "Si existe un paraíso en la tierra, está aquí, está aquí". Es uno de los ejemplos más claros del estilo arquitectónico mogol que mezcló elementos de influencia hindú con prototipos islámicos.



Raj Ghat
Saliendo del Fuerte Rojo, nos dirigimos a Raj Ghat: el lugar donde fue incinerado Gandhi tras su asesinato en 1948. Desafortunadamente, no llegamos más allá de la entrada pues algún político tendría un evento ahí y tuvimos que conformarnos con sacar fotos desde lejos.





Al regreso al hotel ya con hambre seguimos la recomendación de Rekha de comer en el reconocido restaurante Dhaba. Degustamos por primera vez varios platos de mi amada cocina india. Como entrada elegimos lo que cariñosamente optamos por llamar “piñas al pastor” porque justamente a eso sabían, aunque el adobo estaba un poco más picante. Los siguientes platos fueron vegetarianos y para el postre descubrimos un nuevo favorito: bolitas de queso cottage con miel. Al final de la cena, en lugar de los típicos chicles o dulces de tamarindo, nos ofrecieron unos simpáticos digestivos muy a la usanza india: semillitas de distintas especias, delicioso, saludable y muy colorido.


Luego de los sagrados alimentos, nos dirigimos a la casa donde Gandhi fue asesinado, misma que estratégicamente estaba a distancia caminable del hotel. Es un museo interesante. La planta baja tiene una exhibición permanente sobre la vida y obra de Gandhi, copias de sus publicaciones y una serie bastante curiosa de maquetas que muestran los hitos de su vida. En la planta alta pudimos disfrutar de una exposición itinerante e interactiva sobre la filosofía de Gandhi, dirigida a público infantil y juvenil.
Las dos cosas que más me emocionaron fueron lo último que vimos antes de salir del museo: la última habitación que ocupó donde se ven sus objetos personales, y el lugar específico ubicado en el jardín donde lo asesinaron. La austeridad con la que vivió y la frase “Mi mensaje es mi vida” colgado en ese último recinto, realmente me dejó conmovida.

Cabe mencionar que ahí descubrí que la rueca que forma parte de la bandera de India es un homenaje a la que usó siempre el que ellos llaman “padre de la patria”. Reza un viejo adagio en el que tanto creo “Entre más grande seas, más humilde debes ser”… y aquí está más que comprobado.


Así nos despedimos de Delhi… próximo capítulo: Amritsar y su templo dorado.

viernes, enero 10, 2014

Vive como si fueras a morir mañana; aprende como si el mundo fuera a durar para siempre. ~Gandhi

India 2013 - Capítulo 1

Puerta de la India, Nueva Delhi
La decisión de visitar la India estaba hecha desde hace muchos años. El tema más bien era ¿cuándo estaríamos preparadas para enfrentar sus extremos contrastes? Y es que las narraciones de amigos que se nos adelantaron eran muy variadas… unas muy positivas y otras, todo lo contrario. Así que optamos por hacer tripas corazón, ahorrar un montón y fijarnos la meta de aventarnos a esta andanza mística, mágica y musical de más de 24 horas de traslado en octubre-noviembre de 2013.

Así fue como, con la ayuda de nuestra querida agente de viajes de confianza, con visa tramitada y demás, el sábado 19 de octubre emprendimos la ruta México-Londres-Nueva Delhi. Quien me conoce sabe que no puedo dormir en los aviones así que está por demás contarle que se sintió laaaaargo. Más cuando la expectativa de pisar tierra india era llegar en la madrugada del lunes 21… ¡uf!

En fin, después de un viaje sin contratiempos con una corta estancia en Heathrow que nos alcanzó para comernos unos tradicionales fish and chips, y definir qué souvenirs británicos comprar al regreso, al fin desembarcamos en el aeropuerto Indira Gandhi de Nueva Delhi. Una vez hecho el trámite de migración y recogido las maletas (¡aplauso a British Airways!), nos encontramos con nuestro coordinador Ahmed en la salida internacional.

Ahmed y nuestro chofer Sij Sono nos llevaron sanas y salvas (y algo dormidas) al hotel Claridges y nos ayudaron con el registro, instrucciones, etc.  Una vez descansadas y con el desayuno en el panza (un tip: si vas a un país extraño, antes de probar la comida del lugar consume un yogur local… eso ayuda a evitar problemas estomacales), iniciamos nuestro encuentro con Nueva Delhi: la capital política de la India y el sitio donde mi héroe Gandhi fue asesinado...