sábado, junio 28, 2014

Declaro ante vosotros que mi vida entera, ya sea larga o corta, será dedicada a vuestro servicio y al servicio de nuestra gran familia imperial a la cual pertenecemos todos. ~Isabel II

Londres 2013, Capítulo 10: Adiós a la Reina

Palacio de Buckingham
Para disfrutar de nuestro último medio día en Londres, nos levantamos temprano y dejamos las maletas listas antes de bajar a desayunar con Viviana en el restaurante del hotel. Después de intercambiar las últimas impresiones del viaje y disfrutar de un delicioso y muy llenador English Breakfast, nos despedimos con un ¡hasta la próxima! para volver a la habitación por las maletas que dejaríamos encargadas con el concierge hasta la hora en que nos recogería el servicio de transporte contratado para llevarnos al aeropuerto de Heathrow a tiempo para tomar nuestro avión de regreso a México.
Estandarte de la reina
Ya listas para caminar un buen rato y dado el típico chipi chipi londinense tuvimos que comprarnos nuestros paraguas de la bandera inglesa (mejor conocida como Union Jack) y nos dirigimos al Palacio de Buckingham, residencia y despacho oficial de la monarquía británica.
Desfile

Cuál fue nuestra sorpresa al encontrarnos con banderas inglesas y de Corea del Sur, amén del estandarte ondeando indicando la presencia de la Reina y un largo desfile de soldados británicos tanto de a pie como de caballería, muy elegantes con sus uniformes grises de invierno. Resulta ser que Isabel II estaba a punto de acudir a recibir al primer ministro de ese país quien iniciaba su visita de estado.  



Por supuesto, fue todo un espectáculo ver el desfile,  un montón de policías londinenses y la banda de música, amén de ubicar a uno de los soldados que se diferenciaba por llevar un turbante sikh, demostrando lo incluyente que es este país y recordándonos nuestra visita a India.

Pero eso no fue todo… el mayor acontecimiento fue poder decirle adiós a la Reina en persona quien, para nuestra suerte, tuvo la genial idea de salir en su Bentley justo frente a nosotros… aquí les comparto el video:

Una vez que nos recuperamos de la emoción, nos encaminamos a buscar Spencer House: la casa del Conde de Spencer, título nobiliario que hoy en día tiene Charles, hermano de Lady Di.

Aún escuchando los 21 cañonazos de bienvenida al primer ministro visitante, recorrimos algunas calles hasta encontrarnos frente al portón de una mansión custodiada por dos hombres, uno de los cuales según mi hermana podría ser hermano de Hugh Grant. Nos acercamos a preguntar por Spencer House y muy amablemente, con el típico acento y humor inglés, el símil de Hugh nos dijo que la buena noticia es que ya la habíamos encontrado (era por supuesto la mansión que teníamos enfrente) y la mala es que no podíamos visitarla pues había un evento privado… acto seguido nos dio un bonito panfleto para que en nuestra próxima visita a Londres intentáramos verla. Luego de que para mi pena ajena mi hermana preguntara si podría acceder al baño, gentilmente rehusaron y nos sugirieron tratar en el lujoso hotel a una cuadra de la mansión. Por supuesto, no hicimos eso sino que optamos por ir a las facilidades públicas de la estación del Tube de Green Park que también quedan bastante cerca.
Una vez tachado ese pendiente, nos dirigimos a la emblemática calle de Picadilly, hogar de la plaza de Picadilly con su estatua de Eros -yo siempre he dicho que Times Square en la ciudad de Nueva York es una vana imitación de esta plaza.
Recorriendo esta famosa calle comercial de Londres, nos encontramos con la tienda departamental de nombre Fortnum & Mason reconocida internacionalmente por sus productos de alta calidad, entre ellos una inmensa variedad de tés e infusiones, y por ser un símbolo del Reino Unido que ha sido proveedor real durante los últimos 150 años. 
Fortnum & Mason

Como nos fascinaron sus vitrinas navideñas, nos animamos a entrar y en verdad que no nos arrepentimos. Siempre digo que hay que volver a Londres una y otra vez… jamás hemos dejado de descubrir lugares nuevos.

Recorrimos la tienda e hicimos algunas pequeñas compras tales como una mezcla para hacer vino con especias, una caja de las famosas galletas inglesas y unos maravillosos chocolates con menta. Nos decidimos a probar su restaurante y la comida estaba buenísima.
Ya con el estómago lleno, nos decidimos a volver al hotel pues ya teníamos cansancio acumulado. Una vez ahí, pedimos nuestras maletas para acomodar las últimas adquisiciones. Dado que aún faltaba un rato para que pasaran por nosotros, mi hermana decidió irse a despedir de su parque favorito así que me dejó en la recepción con todas las maletas lo cual agradecí pues ¡ya no aguantaba los pies!
Volvió justo a tiempo para sentarse a descansar unos momentos. Y, como última anécdota, les cuento que “al mejor cazador se le va la liebre”… con toda la experiencia que tenemos como viajeras del mundo estuvimos a punto de sufrir las consecuencias del siempre peligroso  “asumir”.
Resulta que justo a la hora fijada para que el servicio de transporte al aeropuerto nos pasara a recoger, llegó un taxi negro con un elegante chofer y preguntó por sus pasajeros que se dirigían a Heathrow. Por supuesto, nos pusimos el saco, alzamos la mano, subimos las maletas y emprendimos el camino.
Íbamos a unas cuantas cuadras cuando sonó su teléfono y comenzó la discusión. Resulta que sus pasajeros estaban en el Lobby del hotel y ¡nuestro chofer acababa de llegar! Lo bueno es que el del taxi negro era hindú y estaba muy contento de que hubiéramos visitado su país así que se vio súper buena onda y nos regresó al hotel.
El atardecer del adiós
Nuestro chofer asignado, que por cómo hablaba tanto inglés como español debió haber sido portugués, regañó al otro por no asegurarse que tenía a los pasajeros correctos; después, nos regañó a nosotras –con sobrada razón- por no haber verificado que estábamos abordando el auto contratado y nos reveló que habíamos tenido muchísima suerte pues en otras circunstancias hubiéramos tenido que pagar 90 libras esterlinas extras pues él habría reportado el no-show y el otro chofer habría cobrado el viaje a Heathrow. Sinceramente, yo simplemente suspiré y di las gracias a mi ángel de la guarda que siempre saca la casta…  
Llegamos a Heathrow con el maravilloso espectáculo del frío  atardecer que marcó el final de este maravilloso viaje, ya listas para volver a casa a soñar con la siguiente aventura…
Próximo capítulo: Últimas reflexiones

domingo, junio 22, 2014

El mundo entero es un teatro. ~William Shakespeare

Londres 2013, Capítulo 9: El West End

 
El término “West End” se refiere al área urbana de Londres incluida en la ciudad de Westminster (uno de los 32 distritos de la ciudad), y parcialmente en el barrio de Camden. El uso del término comenzó a principios del siglo XIX para describir áreas de moda al oeste de la avenida Charing Cross, famosa por sus maravillosas librerías.
 
Teatro Dominion, casa de la producción de We will rock you
La tradición del teatro es intrínseca a la cultura británica. Cabe mencionar que en el Reino Unido no existe censura por lo que puedes encontrar una extensa variedad de temas y tratamiento de los mismos. El primer escenario público de Londres, conocido simplemente como “The Theatre”, fue construido en 1576.
Hoy en día “West End” es un término popular que se refiere al teatro profesional representado en los 45 maravillosos escenarios del "Theatreland" que engloba este barrio. Junto con Broadway en Nueva York -que por cierto sólo incluye 19 escenarios,- suele considerarse como el máximo nivel del teatro comercial en el mundo de habla inglesa. Por tanto, protagonizar una producción en lugares como el Dominion, Adelphi, Old Vic, Apollo, Her Majesty’s, entre otros es un hito en la carrera de cualquier actor. ¡Lo que yo daría por ver a actores de la talla de Helen Mirren o Benedict Cumberbatch en vivo! 
Por supuesto, el West End atrae una cantidad muy significativa de turismo. En 2007, la cantidad total de boletos vendidos superó los 13 millones con lo cual se estableció una nueva marca. Los precios de los boletos pueden variar desde 150 hasta 15 libras esterlinas dependiendo de la ubicación de los lugares (estos teatros tienen capacidad desde 250 hasta 2,000 butacas), el día de la semana de la función y, por supuesto, de las críticas recibidas.  Si compras boletos muy lejos del escenario, los teatros grandes cuentan con binoculares que puedes rentar directamente en tu asiento con unas cuantas monedas.
Por supuesto, hay que mencionar al multi-premiado Andrew Lloyd Webber como uno de los exponentes británicos más exitosos que como compositor y empresario ha contribuido enormemente al teatro musical no solo en el Reino Unido sino en el mundo entero con obras originales que han sido traducidas y adaptadas en muchos países y que, inclusive, han sido llevadas al cine. ¿Quién puede decir que nunca ha disfrutado de la música de las icónicas Jesucristo Superestrella, Evita, Cats, José El Soñador o El Fantasma de la Ópera por mencionar algunas?
Viv "rockeando" en la entrada del teatro
Escenario del Dominion Theatre
Y bueno, con esa introducción confío en que apoyarán nuestra decisión de festejar el cumple de Viviana en Londres poniéndole “palomita” a esta nueva experiencia para ella en su primera visita. Así pues, el día anterior ella había elegido ver “We will rock you”, el musical compuesto por Queen y Ben Elton en el Dominion Theatre así que ya habíamos acudido a la taquilla del teatro para adquirir boletos a un decentísimo precio de 50 libras esterlinas que, tomando el tipo de cambio promedio nada más para que se den una idea, fueron unos 1,105 pesos mexicanos. Es decir, un poco más caro que en México por boletos un poco más lejanos al escenario. Irónicamente, este musical visitó el Auditorio Nacional en México, DF a principios del 2014… ojalá que algunos de ustedes hayan tenido oportunidad de verla.

De regreso ya en Londres después de nuestra memorable visita a Greenwich, quedamos de vernos con ella y Guillermo frente al teatro Dominion que, muy convenientemente, está ubicado justo frente a la estación del Tube Tottenham Court Road para ir a cenar y luego acudir a la función. Nos decantamos por cenar en un restaurante justo al lado del teatro donde disfruté mis últimos fish and chips y sidra inglesa de este viaje.
 
Al terminar, nos dirigimos a ocupar nuestras localidades en el teatro para disfrutar de este simpático musical. A mí me encantó: la música es espectacular; las voces y las coreografías están muy bien ejecutadas, amén de que la trama es muy divertida y está llena de chispazos de humor británico.
Al final de la obra, nos dirigimos al Tube para volver a nuestros respectivos hoteles, despidiéndonos de Guillermo muy “a la inglesa” en un vagón de metro. Al día siguiente desayunaríamos con Viviana para cerrar el telón de este viaje y decirnos adiós, pero sólo hasta el siguiente encuentro...

Próximo capítulo: Adiós a la Reina

domingo, junio 15, 2014

La superstición es a la religión lo que la astrología es a la astronomía, la hija loca de una madre cuerda. ~Voltaire

Londres 2013, Capítulo 8: El Meridiano de Greenwich


Después de visitar el Cutty Sark, nos dispusimos a adentrarnos al barrio de Greenwich situado en la ribera sur del río Támesis. Desde 1997, su centro histórico es el sitio del patrimonio mundial de la Unesco que incluye entre sus atracciones más relevantes el Antiguo Colegio Real Naval (ahora la Universidad de Greenwich), el Cutty Sark, el Museo Martítimo  Nacional, y el Observatorio situado en el Parque Real de Greenwich.
Vista de Greenwich desde el Observatorio Real
El barrio es lindo y muy turístico; sus habitantes, de lo más cordiales. Pasamos por un pintoresco mercado desafortunadamente cerrado y por parte del parque que, como todos los parques ingleses, es hermoso y tranquilo.
Después de pedir instrucciones a un amable transeúnte, arribamos al camino correcto para llega al Observatorio Real cuya construcción fue comisionada el 1675 por el rey Carlos II de Inglaterra (el marido de la princesa del té, ¿recuerdan?)  La subida, aunque un tanto empinada, no fue difícil y al fin nos encontramos en la entrada de nuestro destino principal. Después de leer la placa conmemorativa y medirnos el pie en el muestrario de las medidas del sistema inglés, nos dirigimos a la taquilla para averiguar qué tanto había qué hacer. 
Como imaginé, hay suficientes sitios de interés como para entretenerse unas cuantas horas, así que nos dimos a la tarea de, en primer lugar, asistir a la función del planetario. Llegamos al edificio un poco antes de la hora establecida así que pudimos disfrutar de una exhibición de fotografías amateurs del espacio  ganadoras de un concurso patrocinado por el Observatorio Real. Verdaderamente, cada una más maravillosa que la anterior. Después ingresamos al planetario para disfrutar una media hora de ver las estrellas y, en este caso, conocer un poco más de cerca a nuestros planetas vecinos. Fue realmente genial escuchar a los niños responder a las preguntas del encargado con el entusiasmo de sus pocos años de vida… 
Complejo del Observatorio Real
Habiendo puesto “palomita” a esa actividad, nos dirigimos a las salas de exhibición el Observatorio donde realmente pude comprender la enorme influencia del Imperio Británico en la astronomía y la medición del tiempo en favor de su interés principal: la navegación. De ahí que Carlos II creara el cargo de "astrónomo real", director del observatorio que se debería dedicarse a la "diligencia y cuidado más exacto con la rectificación de las tablas de los movimientos del cielo y los lugares de las estrellas fijas para encontrar la muy deseada longitud de los lugares para perfeccionar el arte de la navegación". Por supuesto, este cargo aún es vigente.
Después de recorrer salas llenas de explicaciones sobre herramientas y artefactos de navegación, de astronomía y relojería, entre los cuales, los cronómetros H1 al H4 John Harrison, y la casa del astrónomo real, llegamos al marcador del famosísimo Meridiano de Greenwich. 
El meridiano de Greenwich, también conocido como meridiano cero, meridiano base o primer meridiano, es el meridiano a partir del cual se miden las longitudes. Se corresponde con la circunferencia imaginaria que une los polos y recibe su nombre por pasar por la localidad inglesa de Greenwich (obvio, ¿no?)
El meridiano fue adoptado como referencia en una conferencia internacional celebrada en 1884 en Washington, auspiciada por el presidente de los Estados Unidos, a la que asistieron delegados de 25 países. En dicha conferencia se adoptaron los siguientes acuerdos:
  1. Es deseable adoptar un único meridiano de referencia que reemplace los numerosos existentes.
  2. El meridiano que atraviesa el Observatorio de Greenwich será el meridiano inicial.
  3. Las longitudes alrededor del globo al este y oeste se tomarán hasta los 180° desde el meridiano inicial.
  4. Todos los países adoptarán el día universal.
  5. El día universal comienza a medianoche (hora solar) en Greenwich y tendrá una duración de 24 horas (véase línea internacional de cambio de fecha).
  6. Los días náuticos y astronómicos comenzarán también a medianoche. 
  7. Se promoverán todos los estudios técnicos para la regulación y difusión de la aplicación del Sistema Métrico Decimal a la división del tiempo y el espacio.
 
Marcador del Primer Meridiano

Un huso horario se extiende sobre 15 grados de longitud (porque 360 grados corresponden a 24 horas y 360/24 = 15). La línea opuesta al meridiano de Greenwich, es decir, la semicircunferencia que completa una vuelta al Mundo, corresponde a la línea internacional de cambio de fecha, que atraviesa el océano Pacífico. Por razones prácticas –no tener varios husos horarios en algunos archipiélagos– se ha adaptado esta línea a la geografía (ya no es recta en la superficie del globo), al igual que otras que limitan husos horarios, por lo que no coinciden con los meridianos.

Muy simple: al este de Greenwich es más tarde y al oeste es más temprano. Así las cosas de cómo los metódicos ingleses nos metieron a todos en cintura por lo menos en cuanto al horario… ¡que ya es decir bastante!
Siguiente capítulo: El West End


sábado, junio 14, 2014

Para aprender a rezar no hay como viajar por mar. ~Proverbio inglés

Londres 2013, Capítulo 7: Cutty Sark


En nuestro tercer día en Londres nos dirigimos hacia Greenwich a fin de aprovechar el tiempo en uno de los lugares que yo siempre había querido visitar. Después de un largo viaje en el Tube y de hacer conexión en la red de trenes ligeros que recorre las afueras de la ciudad, nos encontramos con el Barco-Museo Cutty Sark. Seguramente les sonará bastante el nombre dado que fue la inspiración para la reconocida marca de whiskey… si se fijan en la etiqueta de la botella, encontrarán al barco clipper que es el protagonista de la primera escala del día.



Cutty Sark
Este famoso clipper debe su nombre a un personaje de ficción: una bruja danzarina de un poema cómico de Robert Burns publicado en 1791. De hecho, por eso su mascarón de proa -figura decorativa generalmente tallada en madera y ornamentada o pintada que llevaban entre los siglos XVI al XIX los buques en la parte alta el doble objeto de decorar y servir como identificación a una sociedad marinera- es una mujer. El barco, diseñado y construido en 1869 en Escocia, fue botado el 23 de noviembre de ese mismo año.

El Cutty Sark comenzó su aventurada vida en altamar gracias al comercio de té que en aquella época era muy activo en las líneas entre China y Londres. Este comercio generaba grandes beneficios si se llegaba a Gran Bretaña con el primer té de la temporada. En la carrera del té de 1872 contra el clipper Thermopylae ambos buques abandonaron Shangai juntos el 18 de junio. Desafortunadamente, el Cutty Sark sufrió una avería en el timón que le hizo arribar a Londres el 18 de octubre, una semana después que el Thermopylae. A pesar de que había perdido la carrera, se hizo famoso porque su capitán prefirió continuar el viaje con un timón improvisado antes que detenerse en un puerto para efectuar las reparaciones. 


Mascarones de proa

A finales del siglo XIX los clipper fueron sustituidos por los más fiables barcos de vapor en la carrera del té. El Cutty Sark fue destinado entonces al comercio de lana con Australia y consiguió transportar cargas de lana en sólo 67 días. En 1895 el Cutty Sark fue vendido a la naviera portuguesa Ferreira; en 1916 fue reconvertido en goleta en el puerto de Ciudad del Cabo (Sudáfrica). En 1922 el capitán inglés Wilfred Dowman compró el buque, lo devolvió a su aspecto original y destinó la embarcación como buque de entrenamiento. En 1954 fue llevado a Greenwich donde ahora está expuesto al público como barco-museo.

Visitarlo fue muy divertido pues los ingleses se las ingenian siempre para dar un toque de entretenimiento y enseñanza. Por ejemplo, aprendí que quien puso de moda tomar té en ese país fue la princesa portuguesa Catalina de Braganza después de casarse con el Rey Carlos II de Inglaterra. Y vaya que influyó pues hasta la fecha sigue siendo la bebida más vinculada a la cultura británica.

El barco está totalmente restaurado y se puede visitar en su totalidad. Se pueden ver los camerinos de los oficiales y de los marinos, el timón, el área de carga donde estibaban la mercancía… y todo eso guiado por breves videos y carteles que resumen perfectamente lo que es la vida en el mar. Asimismo, pudimos entretenernos con una exhibición de mascarones de proa de distintos barcos e inclusive tomar un almuerzo ligero en la cafetería del museo. Esta breve visita definitivamente nos preparó para la segunda escala en Greenwich: el Observatorio Real.


Siguiente capítulo: El Meridiano de Greenwich

domingo, mayo 18, 2014

Los hombres y los reyes deben juzgarse por su actuación en los momentos críticos de sus vidas. ~Winston S. Churchill

Londres 2013, Capítulo 6: El cuartel de guerra de Winston Churchill


Después de una breve caminata, nos adentramos a los Churchill War Rooms, una de las cinco ramas del Museo Imperial de la Guerra.

Para ponerlos en contexto les cuento que comprende los Cabinet War Rooms, un complejo subterráneo que albergó un centro de comando del gobierno británico durante la Segunda Guerra Mundial, y el Churchill Museum, un museo biográfico que explora la vida del estadista británico Winston Churchill.
Su construcción, ubicada debajo del edificio del Tesoro en el área de Whitehall de Westminster, comenzó en 1938. Empezó sus operaciones en agosto de 1939, poco después del estallido de la guerra en Europa. Continuó operativo a lo largo de la Segunda Guerra Mundial hasta ser abandonado en agosto de 1945 tras la rendición de Japón.
 
Después de la guerra, el gobierno británico reconoció su valor histórico; sin embargo, sólo un número limitado de personas pudo visitarlo con previa cita hasta que fue abierto al público en abril de 1984. Después de una importante remodelación, el museo fue reinagurado en 2005 como el Churchill Museum and Cabinet War Rooms y en 2010 su nombre fue acortado a Churchill War Rooms.
 
A guisa de bienvenida, a la entrada nos encontramos con un busto del mismísimo Winston. Enseguida, bajamos escaleras para ingresar al Museo. Después de adquirir los boletos y pasar por debajo de un viejo misil, nos adentramos al conjunto de salones y habitaciones que conforman los llamados “Cabinet War Rooms” para transportarnos a una de las épocas más oscuras de la historia. 

Busto de Churchill a la entrada del Museo


Acompañadas por una audio guía, no fue difícil, aunque sí muy penoso, imaginarse cómo fue vivir una experiencia de guerra desde el lugar donde se tomaron tantas decisiones que cambiaron el rumbo de la historia. Hicimos el recorrido deteniéndonos para enterarnos de los usos y costumbres de la gente que pasó largo tiempo en ese lugar; en ciertos espacios, escuchamos la recreación de algunas de las conversaciones que ahí se dieron o incluso detalles sobre algunos objetos que se pueden observar.
Por ejemplo, en el Cuarto de los Mapas hay una fila de teléfonos de distintos colores que la gente que trabajó en el cuartel apodó como “el coro de bellezas”. En esa misma habitación se puede ver una caricatura de Hitler dibujada en el mapa de Europa Central.


Caricatura de Hitler
Además de las salas de reuniones del gabinete de guerra, los salones donde con tachuelas de colores se llevaba el control de los convoyes de los aliados y los avances enemigos en mapas enormes amén del recuento de las bajas, la sala de telecomunicaciones transatlánticas y los lugares desde donde trabajaban las telefonistas con aparatos decodificadores, también se pueden visitar las habitaciones privadas de los oficiales de guerra, la cocina, comedor y habitación de Churchill. Justo en esta última es donde se pueden ver los enormes micrófonos proporcionados por la BBC para las transmisiones de radio mediante las que el Primer Ministro mantenía a sus ciudadanos al tanto de las noticias de guerra. También está la caja metálica roja con documentos de Estado que acompañó a Churchill durante toda la guerra.

Coro de bellezas (teléfonos de colores)
En los pasillos se pueden leer las normas de conducta y distintos procedimientos a seguir por quienes tenían que pasar días y noches en el complejo subterráneo. Además, hay máscaras de gas y linternas de emergencia distribuidas por todos lados. Uno de los peores aspectos de la vida ahí era la falta de instalaciones sanitarias. La gente se bañaba a cubetazos y se usaban baños químicos denominados “Elsans” que, dicen, olían bastante mal. Por supuesto, el hecho de que muchos fumaban y el humo se mezclaba en el sistema de aire lavado, hacía que vivir ahí abajo fuera bastante desagradable. Súmenle el horario “flexible” de trabajo, la falta de luz natural, la obligación de guardar la compostura y absoluto secreto sobre lo que escuchabas y el estrés de no saber si volverías a la superficie y qué encontrarías si lo lograras… caray, ¡es para nunca más quejarse de las condiciones de tu trabajo! 
Un detalle importante es que, nadie tiene muy claro cómo, los británicos lograron instalar en secreto una plancha de concreto arriba del complejo subterráneo para salvaguardarlo de los incesantes bombardeos nazis. En el Museo se puede ver parte de esta plancha. Curiosamente, el enemigo nunca pudo detectar la ubicación de este cuartel de guerra en pleno centro de Londres.

Comimos un excelente  almuerzo en la cafetería del Museo, ambientada por supuesto en la época de la Segunda Guerra Mundial. 
Después, visitamos el Museo de Churchill: un homenaje a la vida de Sir Winston Leonard Spencer-Churchill, reconocido simultáneamente como el estadista más brillante del Reino Unido y como un ícono de la historia mundial.

En el Museo, la historia de Churchill cobra vida. Utilizando una mezcla de alta tecnología y medios, la exhibición relata la niñez, juventud, madurez y vejez de esta figura a fin de que el visitante pueda entender sus antecedentes y su legado a la humanidad.
Desde su niñez en el seno de la aristocrática familia de los duques de Marlborough –fue hijo de Lord Randolph Churchill y la heredera estadounidense Jennie Jerome,- su juventud en el ejército y sus inicios en la vida política, su amor por el periodismo y la literatura (fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 1953) y la pintura, su casamiento con Clementine Hozier que además de esposa fue amiga y confidente, su turbulenta vida política, el sinnúmero de nombramientos, premios y reconocimientos que recibió durante su vida y, por supuesto, su heroico liderazgo durante la Segunda Guerra Mundial. La historia termina con el video del funeral de estado con el que fue honrado por la Reina Isabel II a su muerte en enero de 1965.
Mesa interactiva

Lo que más llamó la atención fue la mesa interactiva de 15 metros que ordena cronológicamente y da acceso a 1,100 documentos relacionados con la vida y época de Winston Churchill. Esta mesa es dinámica y es actualizada día a día por el Museo. Un detalle curioso es que Churchill pertenece a los Spencer, familia noble británica cuyos destacados miembros fueron él  como nieto del 7.º duque de Marlborough y Diana, Princesa de Gales como hija del 8.º conde Spencer.
Winston Churchill es uno de mis personajes históricos preferidos. Amo la sarcástica verdad de sus frases célebres, su carácter fuerte y el hecho de que no dudó ni un instante en que ganaría la Segunda Guerra Mundial… ¡afortunadamente tuvo razón!

Ya muy cansadas pues recorrimos tres museos en un solo día, nos encontramos con Viv y Guillermo para terminar el día cenando Fish & Chips y sidra británica muy a gusto en St. Stephen’s Pub.  
Siguiente capítulo: Cutty Sark
 

sábado, mayo 03, 2014

Dios salve a nuestra gloriosa Reina, Larga vida a nuestra noble Reina, Dios salve a la Reina; Que la haga victoriosa, Feliz y gloriosa, Que tenga un largo reinado sobre nosotros: Dios salve a la Reina. ~Primera estrofa del himno nacional del Reino Unido y sus colonias

2013, Capítulo 5: La caballería de la Reina


Firma de la Reina Isabel II en el libro de la
inauguración oficial del Museo
Después de consultar a Sherlock nos dirigimos hacia el Museo de la Guardia Real abierto al público en 2007.
Este lugar es especial porque es como un museo viviente ya que está ubicado justo en el cuartel de dos de los batallones más experimentados y condecorados del ejército británico cuya principal misión desde 1660 es salvaguardar la vida del rey o reina gobernante. Los nombres de dichos batallones son The Lifeguards (los salvavidas) and the Blues and Royals (los azules y reales). Digamos que son como los guardias pretorianos de los césares romanos.
Mi hermana saludando... al caballo
Adicionalmente a sus deberes militares, ellos regularmente acompañan a la Reina en diversos desfiles a lo largo del año. Y son todo un espectáculo, no solo porque sus caballos son hermosos y sus uniformes impecables sino porque su disciplina es férrea… ¡y se nota! Lo pudimos comprobar atestiguando un cambio de guardia que justo se llevó a cabo unos minutos después de que llegamos al Museo.

 

Mi hermana probándose botas y parte de la armadura
El Museo es pequeño pero realmente interesante. Visitarlo fue toda una experiencia pues exuda orgullo patriótico y un compromiso enorme con el honor y el deber. La Guardia Real es una muestra tangible de lo que para este país significa la monarquía… y yo que amo las tradiciones británicas lo disfruté enormemente.

En la primera parte se puede ver parte de los establos del siglo XVIII que por supuesto continúan prístinos y en uso diario. Además, te puedes probar algunas prendas de los uniformes y las armaduras que se utilizan y comprobar qué tan altos son los caballos, amén de conocer a detalle la rutina que siguen diariamente los soldados que pertenecen a este regimiento.  
 
Parte de la colección del Museo
En la segunda, viajas por el tiempo para observar la amplia colección de objetos personales, uniformes, medallas y recuentos de algunos miembros destacados de la Guardia Real sobre las distintas batallas e hitos históricos en los que han participado defendiendo al país y a sus soberanos por casi 350 años.  
Video testimonial sobre las actividades del regimiento
Para  terminar, el regimiento comparte algunos videos de sus tareas diarias y los desfiles con comentarios en audio de sus miembros. Asimismo, hay una exhibición de su participación en los Juegos Olímpicos y en distintas campañas de ayuda humanitaria. Por último, está el juramento de lealtad a la Reina Isabel II. 
Por supuesto, al final hubo que hacer una visita a la tienda del museo para adquirir algunas postales y un imán para el refrigerador, aunque he de confesar que ya no le caben muchos más. 
Siguiente capítulo: El cuartel de guerra de Winston Churchill
 
Misión: Proteger a la Reina
 

domingo, abril 27, 2014

Una vez descartado lo imposible, lo que queda, por improbable que parezca, debe ser la verdad. ~Sir Arthur Conan Doyle

2013, Capítulo 4: Mi nombre es Sherlock Holmes y mi negocio es saber lo que otras personas no saben



Para quienes hemos disfrutado leyendo los relatos de Sir Arthur Conan Doyle, la dirección “221b Baker Street” es definitivamente familiar ya que este brillante médico y autor escocés situó en ella la casa de sus personajes más famosos: el detective Sherlock Holmes, que destaca por su inteligencia, su hábil uso de la observación y el razonamiento deductivo para resolver casos difíciles, y su gran cronista, el Doctor John H. Watson. Sir Arthur Conan Doyle fue un autor prolífico que, además de crear a Sherlock Holmes, escribió obras de ciencia ficción, novelas históricas, teatro y poesía.
Fue justo hacia allá donde esa mañana nos dirigimos para visitar el Museo de Sherlock Holmes que por supuesto está en la calle Baker pero, he de aclarar que el número 221b nunca existió. En la época Victoriana, esta concurrida calle corría de Norte a Sur iniciando la numeración en el número 1 y terminando en el 85; cuando los edificios fueron renumerados en 1930, haciendo de ella una calle más extensa, una gran parte del bloque 200 fue asignada a un edificio Art Decó conocido como Abbey House, construido en 1932 para la Abbey Road Building Society (más tarde el banco Abbey National).

Este edificio fue ocupado por dicha sociedad hasta 2002, con los números 215 a 229: fue así como esta residencia se hizo real. Casi de inmediato la residencia comenzó a recibir cartas dirigidas a Sherlock Holmes de personas del mundo entero. El volumen era tal que acabaron creando un "Secretariado para Sherlock Holmes" para organizar toda la correspondencia. En 1999, Abbey National patrocinó la creación de una estatua de bronce, de casi tres metros, de Sherlock Holmes, que puede ser vista hoy en la entrada de la estación de metro de Baker Street.

Hoy en día, la propiedad que hospeda al Museo Sherlock Holmes se encuentra muy cerca de Abbey House (el número real de la dirección del museo es 239 Baker Street) y es una casa construida en1815. Su interior se mantiene para la posteridad exactamente como Conan Doyle describió la vivienda de sus célebres personajes y, con la debida aprobación de la ciudad de Westminster, tiene una placa que le acredita como “221B”.

Si alguien tiene problemas para imaginarse regresando en el tiempo, al llegar a la renombrada dirección un actor vestido de oficial de la policía victoriana le recibirá en la mismísima puerta. Los boletos se adquieren en la tienda del museo y la fila es bastante larga pues la casa en sí no es grande así que el “constable” se dedica a controlar el acceso a fin de que los visitantes puedan disfrutar de su tour en grupos pequeños para evitar estar encima unos de los otros.
Otro detalle es la tienda de The Beatles es vecina de Sherlock Holmes, así que brinda un buen entretenimiento… yo adquirí unos lentes tipo John Lennon mientras esperábamos que nos dejaran pasar. Otro vecino curioso es un lugar donde se exhiben los objetos que la gente ha perdido en el Tube (el metro de Londres). Por el aspecto de los que vimos en la vitrina, ¡tienen inventariadas cosas que se perdieron desde que el sistema de transporte entró en funcionamiento en 1863! 

Después de una espera de 45 minutos, logramos entrar a la estrecha casa. En serio fue como viajar a la época victoriana. Los muebles y los objetos en verdad datan de esos años y hacen referencia a las aventuras de Holmes y Watson con estudiada precisión. Está el maletín del Dr. Watson con su instrumental médico y un libro que guarda una pistola en su interior; en el tapiz puedes encontrar las siglas “VR” de Victoria Regina, hay espejos con velas a la usanza de la época pues no había luz eléctrica, y encuentras un elegantemente disimulado inodoro ¡dentro de la habitación! 
En el segundo piso hay una pequeña sala de estar donde puedes sentarte y tomarte una foto con el bombín de Watson o la gorra y pipa de Holmes, a gusto del consumidor. En el tercer nivel hay varios maniquíes con los personajes de las historias más recordadas: amén de los protagonistas, puedes encontrarte de frente con la Sra. Hudson, el ama de llaves, con Irene Adler, su rival en inteligencia, con su hermano Maycroft Holmes y con su némesis, el siniestro Dr. James Moriarty. Para mí fue muy grato ver representados tantos detalles. Al final, hay un acceso al ático donde si te atreves a subir una pequeña escalera, puedes ver las valijas, baúles y otros objetos. También se exhibe una colección de cartas escritas por el público a Sherlock Holmes. No cabe duda que hay quien confunde la ficción con la realidad.

Una vez que termina el recorrido, no hay que dejar de visitar la tienda del Museo. Ahí encuentras un sinfín de souvenirs tales como bombines, gorros y pipas por si te quieres caracterizar, pequeñas reproducciones del violín de Holmes, abrecartas, estatuillas de los personajes, juegos de naipes, bolígrafos, marcalibros y, por supuesto, la colección completa de los misterios que Sherlock Holmes resolvió.

A través de un panel de cristal desde la tienda se ve una biblioteca de antaño en la que sin mucho esfuerzo puedes imaginarte al buen Sherlock discutiendo con Watson. Pero lo más simpático es hacer una “escala técnica” pues el baño público bien podría ser una pieza de museo…  aunque afortunadamente funciona con tecnología del siglo XXI.
Si acaso han leído la versión original del llamado “canon holmesiano” compuesto por cuatro novelas y cincuenta y seis relatos, o son fans de la novedosa miniserie de la BBC “Sherlock”, o inclusive del famoso Dr. House, personaje basado en este célebre detective británico, bien vale la pena lanzarse a este pequeño pero entretenido lugar.  

Lo que sí hay que destacar como nota cultural es que la célebre frase «Elemental, mi querido Watson» ("Elementary, my dear Watson") no aparece en obra alguna de Conan Doyle sobre Sherlock Holmes… a que esa no se la sabían, ¿eh?

Próximo capítulo: La caballería de la Reina