sábado, abril 05, 2014

Un libro abierto es un cerebro que habla; cerrado un amigo que espera; olvidado, un alma que perdona; destruido, un corazón que llora. ~Proverbio Hindú

India 2013, Capítulo 19: La Universidad de Varanasi


Amén de ser la capital religiosa de India, Varanasi es un centro cultural orientado al aprendizaje. Para comprobarlo, con un dejo de nostalgia dejamos el centro de la ciudad para ir a conocer la Banaras Hindu University, también conocida como la “Oxford de Asia”. 
 
Después de un corto recorrido en auto, arribamos a las puertas de esta gran institución educativa residencial fundada en 1916. La universidad está organizada en 4 institutos, 14 facultades y más de 140 departamentos; además cuenta con una enorme biblioteca, un hospital, diversos comedores y 60 edificios destinados a hospedar a los estudiantes. Tiene una matrícula de 20,000 estudiantes originarios de más de 34 naciones. Cuenta con dos campus: el principal cubre más de 5.3 kilómetros cuadrados y el del sur, llamado “Rajiv Gandhi”, abarca 11 kilómetros cuadrados. Varias de sus facultades están ranqueadas entre las mejores de India y, por ende, de Asia. Por dar un ejemplo, nuestro guía nos contó que uno de los equipos de la facultad de ciencias participó en el reciente descubrimiento del bosón de Higgs, también llamado “partícula de Dios”.
 
Dentro de la universidad tuvimos la oportunidad de visitar por primera vez el interior de un templo hindú y de dejar una ofrenda de flores en la estatua de una vaca… seguro se acordarán que es el “aventón” preferido de Shiva.
Una vez que estuvimos suficientemente impresionadas, salimos del campus para visitar Bharat Mata un templo bastante curioso que alberga una estatua de la Diosa Madre India y un enorme mapa en relieve que muestra al país en todo su detalle geográfico. Este lugar fue inaugurado por Mahatma Gandhi en 1936.
 

Por último, fuimos a visitar la fábrica de la familia Metha. Los Metha son de las pocas familias que aún fabrican saris de seda, al más puro estilo tradicional. El sari es usado por millones de mujeres en India: es un largo lienzo de tela ligero que se enrolla alrededor del cuerpo como vestido… parece muy cómodo pero yo no me imagino utilizándolo en México.
 
Lo que más me llamó la atención fue un telar muy antiguo que sólo uno de los tejedores sabía utilizar y justamente fabricaba textiles de seda. El resto eran más modernos y para los patrones de los dibujos utilizan tarjetas agujeradas como las que alguna vez usaron los programadores de computadoras… nunca había visto algo igual. La calidad de los trabajos en saris, manteles, caminos de mesa, alfombras y demás es espectacular y fue un cierre con broche de oro (literalmente) para nuestra visita a Varanasi pues al día siguiente partimos hacia nuestra última escala en territorio Indio: Mumbai.
 
Antes de irnos, nos despedimos haciendo honor a una tradición nuestra de cada viaje: una foto donde siempre plasmamos un letrero con el año en curso y el destino, enmarcado por nuestros pies.
Próximo capítulo: Mumbai, la capital corporativa de India

viernes, marzo 28, 2014

Para descubrir la inmensidad de las profundidades divinas, se impone el silencio. ~Proverbio Hindú

India 2013, Capítulo 18: Las calles de Varanasi

 

Después del épico recorrido por el Ganges, Haram nos llevó caminando justo por la calle de atrás del crematorio principal en dirección al templo de Shiva. A mí me asombró que, a pesar de nuestra cercanía con un crematorio funciona 24/7 los 365 días del año y puede quemar hasta 30 cuerpos de manera simultánea, no se percibía ningún olor desagradable. El guía nos mostró las básculas que se utilizan para madera de cremación; nos explicó que hay reglas para la venta. La calidad y cantidad de combustible depende de la constitución física del difunto y de la casta de la familia a la que pertenece.

Varanasi es una ciudad muy antigua y por tanto sus calles son como un laberinto que esconde un sinnúmero de pequeños templos dedicados a las distintas manifestaciones del dios hindú. Porque los hindúes creen en un solo dios, lo complicado es que éste se manifiesta en más de 300,000 formas. Qué les digo… si yo ya tenía problemas con 365 santos y 11,000 vírgenes, esto es demasiado para mi memoria de tres metros. La verdad es que sólo hay que aprenderse unas cuantas de estas manifestaciones: las realmente populares. Las figuras principales son: Brahma, el creador; Vishnu, el preservador y Shiva, el destructor. Cabe aclarar que este último no es el malo del cuento, al contrario, destruye lo malo para que lo bueno pueda aparecer. Shiva es el patrono de Varanasi y se dice que ama la ciudad y la considera su hogar.
 

Recorrimos algunos de los callejones de la ciudad y nos encontramos peregrinos caminando descalzos de bajada hacia el Ganges. Haram nos explicó que es porque la ciudad es santa y así honran el suelo que pisan – con todo respeto, no sé si me animaría a caminar entre la basura y las gracias bovinas. Observamos a un hombre muy concentrado leyendo sánscrito y varios nichos con diversas manifestaciones –Kali, Ganesha, etc. Una cosa curiosa es que algunas estatuas estaban pintadas de naranja; Haram nos explicó que es el color de la buena fortuna. Otra cosa que nos llamó la atención fueron las suásticas… por supuesto en occidente siempre se relaciona con el movimiento nazi y no es bien visto; sin embargo, en India es un poquito diferente y es el símbolo de la prosperidad… inclusive algunas chicas indias llevan por nombre “Suástica”. Lástima que los nazis arruinaran algo tan bello y tan antiguo dándole un significado tan oscuro. 
Subimos hasta una tienda muy tradicional cerca del templo de Shiva. Haram se quedó cuidando nuestras pertenencias. Nos advirtió que no podríamos sacar fotos ni entrar al templo sino que lo veríamos desde afuera por medio de una pantalla y un espejo y que además tendríamos que sufrir una revisión un poco pasada de tueste por parte de una señora no muy amiga de los turistas no hindúes. Nos hizo acompañar de un pequeño guía local con quien hicimos un breve recorrido para encontrarnos con puestos de venta de ofrendas de flores, velas, agua, incienso, collares de cuentas y demás que los peregrinos llevan al templo. Mi hermana olvidó dejar un cargador de su cámara así que nuestro amigo el guía local salió disparado a dejárselo a Haram en la tienda… lo bueno es que no estaba lejos.

Dimos un muy breve y respetuoso vistazo a la parte exterior del templo y a los fieles que lo visitan e iniciamos el camino de regreso. Antes de llegar a la tienda, el guía local nos hizo detenernos para ver, también de lejos, una antigua mezquita islámica que justo es vecina del templo de Shiva. Si no pudimos visitar a Shiva, ver la mezquita de cerca era imposible pues sólo admiten musulmanes. Lo que sí es de notar es que el lugar estaba lleno de soldados pues siempre tienen miedo a que los fanáticos islamitas y los hindúes armen una trifulca. Me recordó a Jerusalén donde el Muro de los Lamentos y la Cúpula de la Roca conviven en un ambiente no demasiado amigable. En fin, humanos somos y nomás no entendemos que cada quien tiene derecho de creer en lo que mejor le parezca.

Al lado de la tienda donde dejamos nuestras cosas había un señor vendiendo todo tipo de té, por supuesto con nombres muy familiares como darjeeling o chai así que de regreso en la tienda, nos dieron té con masala –deliciosa mezcla de especias cardamomo, clavo, pimienta, anís estrellado, jengibre y canela- en unas pequeñas tacitas de arcilla que los hindúes usan como vajilla desechable. Así, tal cual, beben el té y rompen la taza en el suelo… por supuesto la arcilla simplemente se combina con la terracería y ¡listo!  es lo más biodegradable que he visto en mi vida.  
Nos quedamos un largo rato descansando y preguntando todo lo que pudimos acerca de los productos y las tradiciones. Por supuesto salimos de la tienda cargadas con distintas esencias, unos costalitos de  masala, varios tipos de incienso, madera de sándalo y, una pequeña estatuilla de Shiva.  Otra curiosidad que trajimos fueron collares hechos con semillas que parecen cuentas pero dice la tradición que son lágrimas de Shiva. Haram mandó a nuestro pequeño guía local al templo a bendecirlas y nos las colocó en el cuello al mismo tiempo que nos ponía un poco de pasta de madera de sándalo en la frente y nos hacía prometer nunca portarlas mientras comíamos carne. Resulta que la vaca es el vehículo de Shiva así que ¡seguro frunciría el ceño al ver el trato que le damos de este lado a su mascota favorita!

Nuestra adquisición más interesante fue una miniatura del “linga” que los hindúes adoran como la representación de la unión de lo masculino y lo femenino por ser el inicio de la creación… digamos que en occidente sería como si representáramos físicamente el big bang. Es tan sagrado que lo fabrican en cualquier cantidad de materiales; sin embargo, el más buscado es el cristal puro que se vende por peso… carísimo.

Próximo capítulo: La Universidad de Varanasi 

domingo, marzo 09, 2014

Los ríos hondos corren en silencio, los arroyos son ruidosos. ~Proverbio Hindú


India 2013, Capítulo 17: Amanecer en el Ganges


Una vez más nos levantamos súper temprano… ¡a estas alturas sabía que iba a necesitar vacaciones de estas vacaciones!
Confieso que soy nerd y en mi mente tengo una “colección” de lugares y experiencias especiales vividas o por vivir. Soy fan de hacer listas de las ciudades más cosmopolitas, los sitios arqueológicos más relevantes, los sitios históricos que cambiaron al mundo, las maravillas naturales más impresionantes y, por supuesto, los ríos no se quedan fuera. Hasta ahora he ido tachando de la lista de pendientes algunos de ellos, entre los más importantes: Támesis, Sena, Danubio, Rin, Volga, Amazonas, La Plata, Paraná, Bravo, Éufrates, Nilo, Zambeze. Y este día llegaba el turno de uno de los más intrigantes: el Ganges.
Haram, nuestro guía, nos contó un poco de la historia de este río. Resulta que su nombre proviene de la palabra sánscrita gáṅgā, que significa “va, va” (o sea, que se mueve rápidamente). Nace en el Himalaya occidental, y tras 2,510 kms. desemboca formando, junto con el río Brahmaputra, el mayor delta del mundo: el delta del Ganges, en el golfo de Bengala. El Ganges y sus afluentes drenan una fértil cuenca de 907,000 km² que soporta una gran concentración de población, con una de las más altas densidades del mundo (nomás para que se den una idea, en el año 2005 una de cada doce personas del mundo vivían en la región). Su profundidad media es de 16 m y la máxima es de 30 m.
El principal destino de los peregrinos que visitan la ciudad son los ghats, nombre que reciben las escaleras de piedra que descienden hasta el Ganges. Cada una de estas escalinatas, construidas en el siglo XVIII, tiene un nombre y una función especial. Los ghats de Mani Karnika y Harischandra son los crematorios principales. En el ghat de Pancha Ganga se cree que convergen cinco ríos sagrados. En total, la ciudad cuenta con más de 100 ghats.
 
Aún estaba oscuro cuando iniciamos el descenso para tomar una barcaza a fin de navegar por el Río. Haram callejoneó un poco para dirigirnos primero a un pequeño templo donde un sacerdote hindú nos marcó la frente con un punto rojo y nos dio su bendición y algunos dulces (me los comí pensando que si el agua que tomé en el Templo Dorado no me había hecho nada, pues esto también debía ser amigable). Al llegar a la orilla, varios niños se nos acercaron para vendernos unas ofrendas de flores para la diosa Ganga.
Al fin pasamos por varias barcazas para llegar a la nuestra y sentarnos tranquilamente. Como he dicho antes, Varanasi –la ciudad de Shiva- es una de las siete ciudades sagradas de los hindúes. Según el hinduismo, todo aquel que muera ahí (o a menos de sesenta kilómetros de la ciudad), queda liberado del ciclo de las reencarnaciones. Los baños en el río Ganges se consideran purificadores de los pecados. Según la tradición, todo hinduista debe visitarla al menos una vez en la vida. Todas estas creencias han convertido la ciudad en el destino de enfermos y ancianos, que quieren pasar sus últimos días en la ciudad santa. Curiosamente, ¡el Ganges reúne las cenizas de dos de mis grandes héroes: Mahatma Gandhi y George Harrison!
Durante el recorrido pudimos observar a hombres y mujeres realizando sus baños purificadores en el río a la vez que rendían tributo al dios del Sol, Surya. También nos tocó ver a los pequeños alumnos de un Ashram, quienes estudian para convertirse en sacerdotes brahamanes. Haram nos contó que en el hinduismo todo ritual tiene una base de usos y costumbres. Por ejemplo, el hecho de que estos baños purificadores se realicen al amanecer obedece a que a la gente le hace bien tomar baños de sol  al mismo tiempo que hace abluciones con el agua del Ganges pues viniendo de los glaciares de los Himalayas, contiene minerales que ayudan a la digestión y a mantenerse saludable.
 
Asimismo, la pasta amarilla que utilizan para marcar la frente de los peregrinos que acuden a los ghats contiene una mezcla de madera de sándalo y azafrán. La madera de sándalo es mayormente conocida por su propiedad de mantener una temperatura fría y el azafrán le dá el color amarillo. Esto se usa en la cabeza pues ayuda a conservar la calma necesaria para la meditación temprana. Por cierto, en la calle te venden unas varitas de un árbol sagrado que te sirven de cepillo de dientes.
 
Hoy en día, el Ganges está bastante contaminado, sin embargo, los hindúes no están tan equivocados al pensar que sus aguas son sanadoras. Está científicamente comprobado que su caudal contiene una especie de bacteria benigna que disuelve los desechos orgánicos por lo menos siete veces más rápido de lo que lo hacen el resto de los ríos del mundo.
El peligro entonces no es realmente el tema de las cremaciones y los peregrinos bañándose, sino de la industria moderna. El gobierno de India ha tratado de ayudar a resolver este tema sin demasiado éxito y la gente continúa acudiendo a la diosa Ganga sin importarle demasiado contraer enfermedades… ¡supongo que la fe ayuda a mantenerlos saludables porque no hay registro alguno de epidemias en la zona!
Recorrimos el río observando cómo la gente se baña, hace abluciones y hasta lava su ropa, los sadús (hombres santos) y sacerdotes acuden a ayudarles a realizar sus rituales.  Al regreso  y antes un sol naciente, dejamos nuestras ofrendas en el río y las miramos reunirse con otras tantas de muchos peregrinos y turistas. Tuvimos también oportunidad de ver algunos comerciantes que, tipo Xochimilco, llevaban artefactos propios de las ofrendas en barcazas y se acercaban a ofrecerlas en venta.
Antes de atracar, pasamos por el crematorio más importante de la ciudad, que trabaja 24 horas los 7 días de la semana y curiosamente es manejado por una familia de la casta más baja. Nos tocó ver los montones de madera que se utilizan para quemar los cuerpos y hasta un conjunto de hombres esperando el inicio de la cremación de un difunto al que sólo le vimos la tela en la que estaba envuelto entre dos montones de madera. Puedo decir que fue bastante impresionante observarlo.
Debido a los “méritos” obtenidos al morir en su hogar entre sus seres queridos, los hindúes tratan de morir en el hogar. Cuando la muerte es inminente, la persona se coloca en su cuarto o en la entrada de la casa con su cabeza frente al este. Se enciende una lámpara de aceite cerca de su cabeza y se llevan a cabo cánticos y oraciones. La familia construye un homa o fuego ritual para bendecir las nueve “kumbhas” o vasijas de cobre y una de arcilla, llenas de agua. El hijo mayor en el caso de la muerte del padre y el hijo menor en el caso de la muerte de la madre es nombrado “doliente principal” y es el encargado de dirigir los ritos. 

El cuerpo se lleva a la parte trasera de la casa, se le quita la ropa, se asea con el agua de las nueve kumbhas y se envuelve en una tela blanca. Se le aplica aceite de sésamo en la cabeza y se coloca el cuerpo en un palanquín. Los niños pequeños sostienen luces de bengala y dan vueltas alrededor del cuerpo cantando himnos. Las mujeres caminan alrededor del cuerpo y colocan granos de arroz en la boca para alimentar al cuerpo en su travesía. Sólo los hombres asisten a la cremación. Se trasladan dos vasijas, una de arcilla y otra con cenizas del homa. Se le dan tres vueltas al cuerpo alrededor de la pira funeraria en sentido contrario a las agujas del reloj.
El cuerpo se coloca sobre la pira y los hombres colocan más arroz sobre el cuerpo, lo cubren con madera, incienso y ghee (mantequilla clarificada). El doliente principal se coloca la vasija de arcilla sobre su hombro izquierdo dando vueltas alrededor de la pira, a cada vuelta, un familiar abre un hueco sobre la vasija con un cuchillo, dejando caer el agua, cuyo significado es que la vida está dejando su contenedor. Luego se deja caer toda el agua. Luego sin voltear a ver el cuerpo, enciende la pira y comienza la cremación. Doce horas después de la cremación, la familia regresa a recoger los restos. Se rocía agua sobre las cenizas y pedazos de huesos y se recogen en una bandeja. Algunos llevan los restos al Ganges, algún río auspicioso o al océano donde se arrojan con flores y guirnaldas.
Al final del viaje, nos bajamos en un ghat al lado del crematorio donde había un templo semi-hundido en el agua. También notamos unas canastas colgando de varios postes. Haram nos explicó que en ellas se prenden luces para que las almas perdidas que llegan a Varanasi buscando su liberación del ciclo kármico, sean guiadas al cielo. Puedo decir que valió la pena desvelarse para vivir algo tan distinto de lo que estoy acostumbrada… 
 
Próximo capítulo:  Las calles de Varanasi

viernes, marzo 07, 2014

Para enseñar a los demás, primero has de hacer tú algo muy duro: has de enderezarte a ti mismo. ~Buda

India 2013, Capítulo 16: Varanasi, Sarnath y el ciclo kármico budista

Llegó la hora de marcharnos en avión a la ciudad de Varanasi, con escala previa en Delhi. Al llegar al aeropuerto de Jaipur nos despedimos de Sono, agradeciéndole su gentil compañía. Parvindra nos había explicado que debajo del auto, Sono llevaba un amuleto sij para asegurar que nos sintiéramos seguras durante todos los trayectos que compartimos con él… creo que fue muy efectivo porque a pesar de que la barrera del idioma no nos permitió conversar con él, realmente le tomamos mucha confianza y le dejamos con cierta melancolía.
Al llegar a Varanasi nos encontramos con un aeropuerto lleno a tope de peregrinos musulmanes regresando a casa de su viaje anual a la Mecca… valga la comparación pero ¡me sentí en el atrio de la Basílica de la Virgen de Guadalupe en los días posteriores al 12 de diciembre!

Después de sortear maletas y gente, nos encontramos con nuestro nuevo guía local: un chico bastante buena onda de nombre Haram. Después de brindarnos una cálida bienvenida, nos explicó que primero iríamos al hotel a dejar maletas, a refrescarnos y a comer un rápido almuerzo. Hecho eso, iríamos a Sarnath: una de las cuatro ciudades santas del budismo. Al atardecer, nos llevaría a presenciar la ceremonia hindú llamada “Aarti” en la orilla del Ganges.
Seguramente ya habrán deducido que Varanasi es la capital religiosa de India. De acuerdo con la leyenda, esta ciudad fue fundada por Shiva; del lado más científico, los arqueólogos han establecido que tiene más de 4000 años de antigüedad. Antes se le conocía con el nombre de Kashí que significa ‘la espléndida’. En la actualidad, los hinduistas la consideran una de las principales ciudades de peregrinación.

Ya listas para iniciar esta experiencia, nos subimos al auto para dirigirnos a Sarnath, ubicada a unos 13 kilómetros al norte de Varanasi. Éste es el lugar histórico donde Buda por primera vez predicó el budismo hace 2,500 años, dando nacimiento al Dharma –doctrina- y siendo así la cuna de la primera comunidad budista.
Al llegar a Sarnath, Haram nos dio una introducción al budismo. En resumen, les cuento que éste se desarrolló a partir de las enseñanzas difundidas por su fundador Siddhartha Gautama (Buda), alrededor del siglo V a. C. en el noreste de la India. Experimentó una rápida expansión hasta llegar a ser la religión predominante en India en el Siglo III a. C. En este siglo, el emperador indio Aśoka lo estableció como religión oficial en su enorme imperio, mandando embajadas de monjes budistas a todo el mundo hasta entonces conocido. En el siglo VII inició su declive en India, aunque para entonces ya se habría expandido a muchos territorios. En el siglo XIII había llegado a su casi completa desaparición de la India, pero se había propagado con éxito por la mayoría del continente asiático. Hoy día el budismo es en número de seguidores una de las grandes religiones del planeta.

Las cuatro nobles verdades del budismo son:
  1.  La vida incluye duḥkha (sufrimiento, insatisfacción o descontento)
  2. El origen del sufrimiento es el tṛṣṇā (anhelo, deseo, literalmente sed)
  3. El sufrimiento puede extinguirse cuando se extingue su causa  
  4. El noble camino es el método para extinguir al sufrimiento . Este camino comprende la sabiduría, la conducta ética y el entrenamiento o cultivo de la ‘mente y corazón’ por medio de meditación, atención y la plena consciencia del presente de manera continua.
En el budismo, el karma puede ser explicado como un fenómeno análogo a la inercia. Según esta visión, el individuo genera tendencias a través de sus causas. Un pensamiento, palabra o acción intencional, si se repite, se convierte en costumbre y condicionará una tendencia en el mismo sentido. En el futuro, las causas no necesariamente serían intencionales, sino que estarían influidas por causas previas. En este sentido, el karma constituye una influencia inconsciente, condicionante pero no determinante, pues somos siempre libres y podemos contrarrestar nuestras influencias o tendencias negativas. Aunque sean escasos en porcentaje, tenemos numerosos ejemplos de personas que han cambiado radicalmente de vida. El camino budista busca erradicar la ignorancia y romper esta cadena, es lo que se conoce como nirvana (el cese) de esta cadena o ciclo kármico.

En la India, la idea de reencarnación era ya parte del contexto en el que nació el budismo. En el budismo se prefiere el término "renacimiento" en vez de "reencarnación", debido a que no afirma la existencia de un alma perdurable que pueda transmigrar. El renacimiento no es visto como algo deseable, ni significa un determinismo o destino. El camino budista sirve para que la persona pueda liberarse de esa cadena de causas y efectos. Si bien el individuo debe experimentar las circunstancias en las que le toca vivir, a la vez es el único responsable de lo que decida hacer frente de ellas. De entrada, la ética budista se basa en estos cinco preceptos: no tomar la vida de nadie, no tomar lo que no me pertenece, no tener una conducta sexual dañina, no decir mentiras, no consumir intoxicantes.

En Sarnath tuvimos la oportunidad de observar a los monjes budistas y otros creyentes realizar varias ceremonias con velas y flores en el sitio arqueológico donde están los vestigios descubiertos por el Arqueólogo Alexander Cunningham de varios monumentos o stupas construidos por el Emperador Aśoka marcando los sitios exactos donde estuvo Buda y una marca cubierta de oro donde se sentó a predicar su primer sermón.

Después de recorrer la parte arqueológica, Haram nos llevó al pequeño museo de sitio donde pudimos ver varias estatuas de Buda y de los símbolos que representan India y al budismo. De regreso a Varanasi, nos detuvimos en uno de los templos construídos por distintos países asiáticos donde el budismo es la religión más importante. El templo tailandés nos dio oportunidad de ver un Buda iluminado por el sol que comenzaba a ponerse en el oeste.
Después de despedirnos de los budistas, nos dimos a la tarea de llegar oportunamente a presenciar desde una plataforma tipo "palco" frente al río, la hermosa ceremonia con la que siete jóvenes sacerdotes brahamanes diariamente dan las “buenas noches” a la diosa ganga, que es como los hindúes conocen al Río Ganges.

Aarti es un importante ritual hindú en el que la luz, música, distintos artefactos, fuego, agua y cánticos juegan el papel principal y para mí fue una vivencia maravillosa con la que Varanasi, la ciudad más santa, nos dio la bienvenida a la faceta mística de India.

Próximo capítulo: Amanecer en el Ganges

 

viernes, febrero 28, 2014

La diferencia entre los recuerdos falsos y los verdaderos es la misma que con las joyas: siempre es el falso el que parece el más real, el más brillante. ~Salvador Dalí

India 2013, Capítulo 15: Los artesanos de Jaipur y la locura llamada “Diwali” 


Creo que gracias a tantas emociones, ni cuenta nos dimos de la cantidad de horas que llevábamos recorriendo las atracciones de Jaipur.
Nuestro guía Parvindra nos preguntó si estábamos muy cansadas o aguantábamos todavía conocer más sobre los artesanos de Jaipur y además, terminar el día recorriendo uno de los mercados más grandes y antiguos de la ciudad, el Johori Bazar, principal zona comercial para la población local. Por supuesto, respondimos que ya descansaríamos en México… ¡el punto es aprovechar todo lo que podamos ver! Eso lo dejó muy contento y se dispuso a mostrarnos algunas sorpresas más en su ciudad.
Les cuento que los antiguos gobernantes de Jaipur fomentaron un número importante de artes y oficios. Invitaron a artistas y artesanos talentosos indios y extranjeros dándoles todas las facilidades para establecerse y formar comunidades en Jaipur a fin de que adoptaran a la ciudad como su hogar. Como resultado, hoy en día es un centro importantísimo de artes y oficios, algunos de los cuales tuvimos la fortuna de admirar de cerca. Entre los más famosos se encuentran los xilógrafos que utilizan una técnica de impresión con plancha de madera, los escultores con sus obras en piedra y mármol (se acuerdan que Makrana está cerca de Jaipur), los joyeros (no en vano Jaipur es conocida como la ciudad de las gemas), los pintores de miniaturas, los textiles, los tejedores de alfombras, y la famosa cerámica azul.
En primera instancia, Parvindra nos llevó a un centro joyero. Es un oficio plenamente establecido por lo que los joyeros y artesanos locales están altamente calificados y entrenados para crear piezas únicas y especiales que se venden en India –hay un enorme mercado local- y también se exportan al extranjero. Confieso que no soy fan de la joyería pero de esta visita lo que llamó mi atención fue descubrir una gema llamada “Indian Ruby Star”. Durante mucho tiempo la India fue considerada la fuente clásica de rubíes… en lenguaje sánscrito se le llama al rubí "ratnaraj", que se traduce como "Rey de Piedras Preciosas." Y ésta tiene la particularidad de mostrar una estrella de seis que brilla sobre la superficie de la piedra cuando se mueve. Difícil describirla así que me robo una foto de Internet para mostrárselas.
Después del centro joyero, nos llevó a una cooperativa de artesanos para mostrarnos los oficios de la xilografía, el tejido de alfombras y los textiles.

La muestra de xilografía estuvo interesante pues nos enseñaron que una sola persona puede imprimir toda una tela con una precisión y rapidez impresionantes. ¡Inclusive nos dejaron hacer pininos y crear nuestro propio dibujo que ahora es un lindo souvenir!

Tejido de alfombras hemos visto en otros tantos países así que no pensábamos ver nada nuevo… hasta que nos mostraron cómo queman las alfombras por el reverso a fin de desechar cualquier material adicional a la seda. Una vez lavada la alfombra, se vuelve antiderrapante. No sé ustedes, pero yo en mi vida había visto esa técnica y me impresionó mucho.


 
 
 


 
Saliendo del centro artesanal con algunas compras bajo el brazo, nos dirigimos a tomar un paseo en rickshaw motorizado con un simpático “taxista” tuerto al que el sentido de percepción no le fallaba ni tantito. Parvindra hizo varias paradas para que disfrutáramos del mercado de flores, las tiendas de especias y, por supuesto, para mostrarnos los trajes de boda y los artículos relacionados con el Diwali. Este "festival de las luces" dura cinco días y los preparativos son una verdadera locura, ¡algo así como la versión india del Black Friday!

La gente estrena ropa nueva, comparte dulces, prende unas hermosas lámparas de aceite y lanza fuegos artificiales. Es la entrada del año nuevo hindú, y una de las noches más significativas y alegres del año. La divinidad que preside esta festividad es Lakshmí (¿se acuerdan de nuestra elefanta? pues ella es quien otorga la prosperidad y la riqueza, y es la patrona –dijéramos en México- de la casta de los comerciantes (vaisyas).

Fue una experiencia hermosa y memorable pasar un rato entre toda esa gente compartiendo su alegríay un cierre con broche de oro para nuestro día en Jaipur.

Próximo capítulo: Varanasi y el ciclo kármico


  
 
 


 
 

domingo, febrero 23, 2014

Llevo dentro de mí un peso agobiante: el peso de las riquezas que no he dado a los demás. ~Rabindranath Tagore


India 2013, Capítulo 14: La magnificencia del Fuerte Amber


La siguiente parada en nuestro larguísimo día en Jaipur fue el fuerte situado en la ciudad de Amber (pronunciado Amer), a 11 kilómetros de Jaipur. 

Históricamente, Rajastán fue una región dividida en varios reinos presididos por familias guerreras de la casta de los Rajput. Dichas familias peleaban regularmente entre sí por la supremacía; sin embargo, se unían cuando había que sacar de su territorio a sus vecinos enemigos: los sultanes de Delhi. Rajastán fue entonces, una región acostumbrada a la guerra continua, situación que siguió inclusive hasta los siglos XVI y XVII cuando reinaron los Mogoles, a pesar de que hubo alianzas matrimoniales entre ellos (con esa familia, ¿para qué quieres enemigos?)

Es por ello que Rajastán contiene dentro de su territorio tantas fortalezas –otro gran ejemplo que recordarán es el fuerte de Ranthambore que ahora es territorio de tigres. Entre los más impresionantes está el formidable Fuerte Amber que ahora nos ocupa. Este fuerte fue estratégico para los Kachwahas pues es un excelente punto desde donde vigilar el paso que lleva a Delhi. Su arquitectura representa una fascinante combinación de las arquitecturas hindú y mogol. El Rajá Man Singh I inició su construcción en piedra arenisca y mármol blanco en 1592, misma que fue completada por el Jai Singh. Su escabroso exterior oculta un paraíso interior que fusiona el arte y la arquitectura de una fortaleza palaciega clásica con un aura de magnificencia. La muralla interior del Palacio muestra escenas expresivas esculpidas, piedras preciosas y multitud de diseños con incrustaciones de espejos. A la fortaleza anteceda el Lago Maota que contribuye a una vista que quita el aliento por su belleza. El fuerte se construyó como un refugio en tiempo de guerra pues sus murallas podían defender perfectamente a sus residentes. 
El fuerte suministraba no solo medios de supervivencia sino todos los lujos que las familias reales y la gente que se ocupaba de la operación del reino de los Kachhawas. La historia de este lugar se remonta a siete siglos y vibra con la energía de su pasado legendario y bien conservado hasta nuestros días.

Las portentosas murallas siguen el contorno de la empinada colina en la que se ubica el fuerte… inclusive me recordaron a la sección de la Muralla China. La forma más folclórica de llegar al Fuerte Amber es subiendo en elefante, cosa que no hicimos pues realizamos antes nuestro safari. Con el calor y la pesada subida que afortunadamente realizamos en auto con aire acondicionado, ¡agradecimos la excelente decisión logística de Parvindra.


El acceso es a través de la Suraj Pol (puerta del sol), llamada así pues está orientada hacia el oriente, ya que el emblema de la familia real era el sol naciente. Cabe mencionar que por esa entrada únicamente ingresaban las familias nobles ya que los plebeyos accedían a través de la puerta opuesta, Chand Pol (puerta de la luna). Supongo que tomaremos como halago el hecho de que ahora los turistas entramos como reyes. Dentro del fuerte existe un impresionante templo con puertas de plata pura llamado Shila Devi (“shila” significa losa; "devi", diosa). Cuenta la leyenda que el Rajá Singh I rezó a la diosa para que le diera la victoria sobre los reyes de Bengala; la diosa se le apareció en un sueño y le pidió a cambio que recuperara su estatua sumergida en el mar cerca de Bangladesh y la instalara como pieza principal en el fuerte. El Rajá recuperó la estatua después de subyugar a sus enemigos y cumplió su palabra construyendo un templo donde se puede ver la famosa estatua.

El fuerte es un espléndido complejo de patios, pertas, jardineras, canales de agua, pabellones y palacios ricamente decorados que emulan la gloria y riqueza de los antiguos regentes de Amber. Uno de los puntos más atractivos es la Ganesh Pol (puerta de Ganesh), que fue construida y ornamentada como acceso de tres pisos de altura para las procesiones de la realeza ya que da al patio donde están los apartamentos reales alrededor de un espléndido jardín.

Otro punto a destacar en la Ganesh Pol es el Suhag Mandir: el pabellón con balcones sobresalientes que tiene un intrincado diseño en mármol conformando una especie de pantalla desde donde las mujeres podían observar las procesiones reales con toda comodidad y sin ser vistas. Curiosamente, en la foto se ve asomado un hombre, cosa que nunca hubiera sido posible en la antigüedad -¡oh, estos tiempos modernos en que vivimos!

El lugar que a mí más me gustó fue el Sheesh Mahal (sheesh significa espejo, mahal, palacio) que servía como el salón de audiencias privadas donde el rey recibía a los nobles y comerciantes más importantes. Parvindra nos contó que, gracias al diseño con incrustación de espejos, los reyes podían revestir completamente el ambiente a capricho, simplemente cambiando las ricas alfombras y tapices al modelo y color deseado pues los abundantes espejos reflejaban el nuevo color automáticamente, creando un deslumbrante efecto que dejaba mudos a los visitantes. ¡Qué listos!
Un lugar más a destacar de este maravilloso fuerte es el jardín artificial Kesar Kyari Bagh con sus jardineras en forma de estrella donde se cultiva la flor del kesar (azafrán, en India denominada la especia de la vida), amén de otras plantas y hierbas exóticas. En este jardín flotante se celebraban fiestas; siguiendo la tradición, hoy en día existe ahí un espectáculo de luz y sonido. El agua era subida desde cisternas subterráneas mediante un sistema de poleas a fin de suministrar el preciado líquido al fuerte y, por supuesto, regar los jardines.
Por último, quiero contarles sobre los apartamentos denominados Zenana donde las 12 esposas y concubinas del Rajá Man Singh vivían. Los guardias eran eunucos, ya que el único hombre que ingresaba era el rey.  Las habitaciones del rey colindan, por supuesto, con estos apartamentos. Sinceramente no sé cómo estaría la convivencia, pero imagino que muy complicada…
Después de visitar este increíble lugar, nos encontramos con la dificultad de hacer camino a través de innumerables jeeps que de repente habían invadido el estacionamiento de visitantes del fuerte. Sono, como siempre, se vio hábil y maniobró hasta que nos sacó de ahí.


La última vista antes de volver a Jaipur fue el Jal Mahal (palacio de agua) construido a mediados del siglo XVIII por Madho Singh I flotando sobre el lago Man Sagar.  
Próximo capítulo: Los artesanos de Jaipur y la locura llamada “Diwali”  

Se dice que el elefante indio llora a veces. ~Charles Darwin

India 2013, Capítulo 13: Paseo en elefante

 
Dejamos atrás el Palacio de Jaipur para dirigirnos al campo Rajput (llamado así en honor a una casta guerrera hindú que se definían como descendientes del sol, la luna y el fuego) en las afueras de la ciudad con el propósito de realizar un breve safari -palabra que significa “viaje” en suajili- en elefante y almorzar al término de esta actividad.
Cabe mencionar que Jaipur es famoso por la celebración anual del Festival del Elefante que coincide con el Holi o fiesta de los colores. El 19 de marzo, los elefantes marchan en una multitudinaria procesión, muy vistosa y fotogénica, acompañados por bailarinas y músicos que realizan cantos y danzas tradicionales. Son característicos los jinetes y acompañantes, con sus impecables turbantes rojos. El sonido de las trompetas (llamadas “bankiya”) ofrece una atmósfera única. Los elefantes, que siempre son hembras, caminan majestuosos, engalanados con joyas, flores, palanquines, pinturas de colores y telas. No en vano el elefante ha sido un símbolo de la realeza y un bien muy preciado para los maharajás. A veces incluso se unen al desfile otros animales, como caballos o camellos. También participan en espectaculares deportes, como carreras de elefantes, partidos de polo o incluso peleas de elefantes, para las que en ocasiones son vestidos de guerra, con caparazones o armaduras como las que antaño presentaban en las batallas.
 
Para ponerles en contexto sobre los elefantes indios, les cuento que son más pequeños que los africanos pues alcanzan 2 a 3.5 metros de altura frente a los 2.7 a 4 metros de sus parientes del continente negro. Tienen la cabeza abombada, orejas más pequeñas y redondeadas que no cubren los hombros, espalda arqueada y cola proporcionalmente más larga, aunque también coronada por un penacho de pelos negros, los únicos de longitud considerable en su piel dura, gruesa y correosa. No todos los elefantes presentan colmillos aunque, si los tienen, son largos y de buen tamaño en la mayoría de los machos; las hembras con frecuencia carecen de ellos. De longitud en la cabeza y el cuerpo miden de 5.5 a 6.4 metros y la cola alcanza de 1.2 a 1.5 metros. Los pies de sus patas delanteras tienen cinco dedos en forma de pezuña, y los de las patas traseras, cuatro.  Les comparto una foto del elefante de madera que trajimos de recuerdo del safari.
A pesar de sus 5 toneladas de peso, los elefantes indios se mueven con relativa agilidad y de forma bastante segura, incluso en terrenos montañosos. La velocidad promedio de la marcha es de 5 a 6 kilómetros por hora, aunque pueden correr a más de 40 km/h si se asustan o enfadan. Son buenos nadadores. Los elefantes salvajes viven en los bosques tropicales asiáticos, donde se alimentan de una amplia gama de hojas y frutas, en manadas compuestas por hembras (entre las que se encuentra una más vieja, la matriarca, que dirige el grupo), sus crías y a menudo un macho viejo, acompañado ocasionalmente de otro joven. La mayoría de los machos, sin embargo, abandonan el grupo cuando llegan a la adolescencia y llevan a cabo una vida solitaria, acercándose solamente a las manadas de hembras cuando perciben por infrasonidos que una de ellas desea reproducirse. Entonces los machos compiten entre sí, y el que resulte vencedor se aparea con la hembra en caso de que ella lo acepte (cosa que tampoco sucede a menudo). Después de 22 meses nace una única cría cuyo periodo de lactancia dura hasta los 5 años, aunque puede seguir a la manada a los 3 ó 4 días de nacer y hacia los 6 meses ya comienza a ingerir materia vegetal. Las crías son vulnerables a los ataques de los leopardos y especialmente de los tigres, por lo que los integrantes de la manada cooperan para no perder de vista a los más pequeños.
El elefante indio ha sido domesticado desde tiempos muy antiguos y se utiliza para transportar carga o personas. Formaron parte importante de las tropas de Ciro el Grande, Alejandro Magno y Pirro de Epiro, entre otros reyes de la antigüedad. Hoy en día se les puede ver en espectáculos circenses y en safaris turísticos como el que nosotros tomamos. Tristemente, los elefantes se reproducen rara vez en cautividad, por lo que la gran mayoría de los domesticados fueron capturados ya adultos. El método tradicional para hacerlo es el kedah, de origen indio, en el que los hombres rodean una manada y la van empujando hacia un redil de madera, donde separan los individuos más interesantes y devuelven el resto a la selva. Los individuos escogidos son encadenados a un árbol y aislados mientras se habitúan a la gente. Unos días después reciben la visita del mahout (montador de elefantes), sentado inicialmente sobre otro elefante domesticado, que comienza su adiestramiento. Pasará un tiempo antes de que los elefantes permitan al mahout sentarse sobre su lomo y posteriormente sobre su cuello, momento a partir del cual ya son totalmente dóciles y obedientes.
Los elefantes indios son profundamente respetados en Oriente como símbolo de salud y fuerza. El dios Ganesh del hinduismo tiene cabeza de elefante; en el budismo, los elefantes blancos son sagrados porque se dice que la madre de Buda, Maya, quedó embarazada de él tras soñar que un elefante albino se introducía en su matriz (yo más bien diría que tuvo una pesadilla, pero ahí cada quién). Este respeto se ha visto acrecentado por el hecho de que los elefantes indios pueden captar infrasonidos y vibraciones del suelo, lo que les permite alertar de uno de los frecuentes terremotos que se abaten sobre su zona de distribución antes de que los humanos sospechen siquiera que vaya a producirse. Antes de que el gran tsunami de las navidades de 2004 se estrellara contra las costas de Tailandia, los elefantes que formaban parte de una excursión turística "lloraron" según sus cuidadores y, agarrando a los turistas con la trompa los subieron uno a uno sobre su lomo para después huir tierra adentro, salvándoles la vida. ¡Yo quiero adoptar uno para tenerlo en mi oficina en caso de sismo!
 
Llegando al campo, nos presentaron a Laksmí, la elefanta que nos daría un paseo de 30 minutos. A fin de que Laksmí –llamada así en honor de la consorte eterna del dios Visnú, y diosa de la belleza y de la buena suerte- no nos viera con desconfianza, procedimos a ofrecerle plátanos. Inocentemente, yo pregunté si debía pelar la banana antes de dársela, a lo cual el guía sonrió de buena gana y me dijo, “no te preocupes, se la comerá con todo y cáscara”. Acto seguido, acerqué la fruta a su trompa y gentilmente la tomó para llevársela a la boca y comérsela entera en un santiamén.  
Mi hermana hizo lo mismo y después de sacar algunas fotos, nos condujeron a una plataforma a fin de facilitarnos subir al palanquín colocado en su lomo. El conductor de Laksmí nos instruyó pacientemente sobre  cómo acomodarnos y nos dio un paraguas a cada una pues los rayos del sol estaban fuertes. Una vez seguras de no caernos, proseguimos a dar el citado paseo. La plataforma no es muy cómoda pero el viaje resultó placentero. A mitad del camino, el conductor amablemente nos sacó una foto de recuerdo que aquí pueden ver.
 





Terminado el paseo, nos sirvieron un almuerzo bastante sustancioso y mi hermana adquirió una playera de Elephant Polo que por supuesto provoca curiosidad en cualquiera que se la vea puesta…

Próximo capítulo: La magnificencia del Fuerte Amber