sábado, junio 14, 2014

Para aprender a rezar no hay como viajar por mar. ~Proverbio inglés

Londres 2013, Capítulo 7: Cutty Sark


En nuestro tercer día en Londres nos dirigimos hacia Greenwich a fin de aprovechar el tiempo en uno de los lugares que yo siempre había querido visitar. Después de un largo viaje en el Tube y de hacer conexión en la red de trenes ligeros que recorre las afueras de la ciudad, nos encontramos con el Barco-Museo Cutty Sark. Seguramente les sonará bastante el nombre dado que fue la inspiración para la reconocida marca de whiskey… si se fijan en la etiqueta de la botella, encontrarán al barco clipper que es el protagonista de la primera escala del día.



Cutty Sark
Este famoso clipper debe su nombre a un personaje de ficción: una bruja danzarina de un poema cómico de Robert Burns publicado en 1791. De hecho, por eso su mascarón de proa -figura decorativa generalmente tallada en madera y ornamentada o pintada que llevaban entre los siglos XVI al XIX los buques en la parte alta el doble objeto de decorar y servir como identificación a una sociedad marinera- es una mujer. El barco, diseñado y construido en 1869 en Escocia, fue botado el 23 de noviembre de ese mismo año.

El Cutty Sark comenzó su aventurada vida en altamar gracias al comercio de té que en aquella época era muy activo en las líneas entre China y Londres. Este comercio generaba grandes beneficios si se llegaba a Gran Bretaña con el primer té de la temporada. En la carrera del té de 1872 contra el clipper Thermopylae ambos buques abandonaron Shangai juntos el 18 de junio. Desafortunadamente, el Cutty Sark sufrió una avería en el timón que le hizo arribar a Londres el 18 de octubre, una semana después que el Thermopylae. A pesar de que había perdido la carrera, se hizo famoso porque su capitán prefirió continuar el viaje con un timón improvisado antes que detenerse en un puerto para efectuar las reparaciones. 


Mascarones de proa

A finales del siglo XIX los clipper fueron sustituidos por los más fiables barcos de vapor en la carrera del té. El Cutty Sark fue destinado entonces al comercio de lana con Australia y consiguió transportar cargas de lana en sólo 67 días. En 1895 el Cutty Sark fue vendido a la naviera portuguesa Ferreira; en 1916 fue reconvertido en goleta en el puerto de Ciudad del Cabo (Sudáfrica). En 1922 el capitán inglés Wilfred Dowman compró el buque, lo devolvió a su aspecto original y destinó la embarcación como buque de entrenamiento. En 1954 fue llevado a Greenwich donde ahora está expuesto al público como barco-museo.

Visitarlo fue muy divertido pues los ingleses se las ingenian siempre para dar un toque de entretenimiento y enseñanza. Por ejemplo, aprendí que quien puso de moda tomar té en ese país fue la princesa portuguesa Catalina de Braganza después de casarse con el Rey Carlos II de Inglaterra. Y vaya que influyó pues hasta la fecha sigue siendo la bebida más vinculada a la cultura británica.

El barco está totalmente restaurado y se puede visitar en su totalidad. Se pueden ver los camerinos de los oficiales y de los marinos, el timón, el área de carga donde estibaban la mercancía… y todo eso guiado por breves videos y carteles que resumen perfectamente lo que es la vida en el mar. Asimismo, pudimos entretenernos con una exhibición de mascarones de proa de distintos barcos e inclusive tomar un almuerzo ligero en la cafetería del museo. Esta breve visita definitivamente nos preparó para la segunda escala en Greenwich: el Observatorio Real.


Siguiente capítulo: El Meridiano de Greenwich

domingo, mayo 18, 2014

Los hombres y los reyes deben juzgarse por su actuación en los momentos críticos de sus vidas. ~Winston S. Churchill

Londres 2013, Capítulo 6: El cuartel de guerra de Winston Churchill


Después de una breve caminata, nos adentramos a los Churchill War Rooms, una de las cinco ramas del Museo Imperial de la Guerra.

Para ponerlos en contexto les cuento que comprende los Cabinet War Rooms, un complejo subterráneo que albergó un centro de comando del gobierno británico durante la Segunda Guerra Mundial, y el Churchill Museum, un museo biográfico que explora la vida del estadista británico Winston Churchill.
Su construcción, ubicada debajo del edificio del Tesoro en el área de Whitehall de Westminster, comenzó en 1938. Empezó sus operaciones en agosto de 1939, poco después del estallido de la guerra en Europa. Continuó operativo a lo largo de la Segunda Guerra Mundial hasta ser abandonado en agosto de 1945 tras la rendición de Japón.
 
Después de la guerra, el gobierno británico reconoció su valor histórico; sin embargo, sólo un número limitado de personas pudo visitarlo con previa cita hasta que fue abierto al público en abril de 1984. Después de una importante remodelación, el museo fue reinagurado en 2005 como el Churchill Museum and Cabinet War Rooms y en 2010 su nombre fue acortado a Churchill War Rooms.
 
A guisa de bienvenida, a la entrada nos encontramos con un busto del mismísimo Winston. Enseguida, bajamos escaleras para ingresar al Museo. Después de adquirir los boletos y pasar por debajo de un viejo misil, nos adentramos al conjunto de salones y habitaciones que conforman los llamados “Cabinet War Rooms” para transportarnos a una de las épocas más oscuras de la historia. 

Busto de Churchill a la entrada del Museo


Acompañadas por una audio guía, no fue difícil, aunque sí muy penoso, imaginarse cómo fue vivir una experiencia de guerra desde el lugar donde se tomaron tantas decisiones que cambiaron el rumbo de la historia. Hicimos el recorrido deteniéndonos para enterarnos de los usos y costumbres de la gente que pasó largo tiempo en ese lugar; en ciertos espacios, escuchamos la recreación de algunas de las conversaciones que ahí se dieron o incluso detalles sobre algunos objetos que se pueden observar.
Por ejemplo, en el Cuarto de los Mapas hay una fila de teléfonos de distintos colores que la gente que trabajó en el cuartel apodó como “el coro de bellezas”. En esa misma habitación se puede ver una caricatura de Hitler dibujada en el mapa de Europa Central.


Caricatura de Hitler
Además de las salas de reuniones del gabinete de guerra, los salones donde con tachuelas de colores se llevaba el control de los convoyes de los aliados y los avances enemigos en mapas enormes amén del recuento de las bajas, la sala de telecomunicaciones transatlánticas y los lugares desde donde trabajaban las telefonistas con aparatos decodificadores, también se pueden visitar las habitaciones privadas de los oficiales de guerra, la cocina, comedor y habitación de Churchill. Justo en esta última es donde se pueden ver los enormes micrófonos proporcionados por la BBC para las transmisiones de radio mediante las que el Primer Ministro mantenía a sus ciudadanos al tanto de las noticias de guerra. También está la caja metálica roja con documentos de Estado que acompañó a Churchill durante toda la guerra.

Coro de bellezas (teléfonos de colores)
En los pasillos se pueden leer las normas de conducta y distintos procedimientos a seguir por quienes tenían que pasar días y noches en el complejo subterráneo. Además, hay máscaras de gas y linternas de emergencia distribuidas por todos lados. Uno de los peores aspectos de la vida ahí era la falta de instalaciones sanitarias. La gente se bañaba a cubetazos y se usaban baños químicos denominados “Elsans” que, dicen, olían bastante mal. Por supuesto, el hecho de que muchos fumaban y el humo se mezclaba en el sistema de aire lavado, hacía que vivir ahí abajo fuera bastante desagradable. Súmenle el horario “flexible” de trabajo, la falta de luz natural, la obligación de guardar la compostura y absoluto secreto sobre lo que escuchabas y el estrés de no saber si volverías a la superficie y qué encontrarías si lo lograras… caray, ¡es para nunca más quejarse de las condiciones de tu trabajo! 
Un detalle importante es que, nadie tiene muy claro cómo, los británicos lograron instalar en secreto una plancha de concreto arriba del complejo subterráneo para salvaguardarlo de los incesantes bombardeos nazis. En el Museo se puede ver parte de esta plancha. Curiosamente, el enemigo nunca pudo detectar la ubicación de este cuartel de guerra en pleno centro de Londres.

Comimos un excelente  almuerzo en la cafetería del Museo, ambientada por supuesto en la época de la Segunda Guerra Mundial. 
Después, visitamos el Museo de Churchill: un homenaje a la vida de Sir Winston Leonard Spencer-Churchill, reconocido simultáneamente como el estadista más brillante del Reino Unido y como un ícono de la historia mundial.

En el Museo, la historia de Churchill cobra vida. Utilizando una mezcla de alta tecnología y medios, la exhibición relata la niñez, juventud, madurez y vejez de esta figura a fin de que el visitante pueda entender sus antecedentes y su legado a la humanidad.
Desde su niñez en el seno de la aristocrática familia de los duques de Marlborough –fue hijo de Lord Randolph Churchill y la heredera estadounidense Jennie Jerome,- su juventud en el ejército y sus inicios en la vida política, su amor por el periodismo y la literatura (fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 1953) y la pintura, su casamiento con Clementine Hozier que además de esposa fue amiga y confidente, su turbulenta vida política, el sinnúmero de nombramientos, premios y reconocimientos que recibió durante su vida y, por supuesto, su heroico liderazgo durante la Segunda Guerra Mundial. La historia termina con el video del funeral de estado con el que fue honrado por la Reina Isabel II a su muerte en enero de 1965.
Mesa interactiva

Lo que más llamó la atención fue la mesa interactiva de 15 metros que ordena cronológicamente y da acceso a 1,100 documentos relacionados con la vida y época de Winston Churchill. Esta mesa es dinámica y es actualizada día a día por el Museo. Un detalle curioso es que Churchill pertenece a los Spencer, familia noble británica cuyos destacados miembros fueron él  como nieto del 7.º duque de Marlborough y Diana, Princesa de Gales como hija del 8.º conde Spencer.
Winston Churchill es uno de mis personajes históricos preferidos. Amo la sarcástica verdad de sus frases célebres, su carácter fuerte y el hecho de que no dudó ni un instante en que ganaría la Segunda Guerra Mundial… ¡afortunadamente tuvo razón!

Ya muy cansadas pues recorrimos tres museos en un solo día, nos encontramos con Viv y Guillermo para terminar el día cenando Fish & Chips y sidra británica muy a gusto en St. Stephen’s Pub.  
Siguiente capítulo: Cutty Sark
 

sábado, mayo 03, 2014

Dios salve a nuestra gloriosa Reina, Larga vida a nuestra noble Reina, Dios salve a la Reina; Que la haga victoriosa, Feliz y gloriosa, Que tenga un largo reinado sobre nosotros: Dios salve a la Reina. ~Primera estrofa del himno nacional del Reino Unido y sus colonias

2013, Capítulo 5: La caballería de la Reina


Firma de la Reina Isabel II en el libro de la
inauguración oficial del Museo
Después de consultar a Sherlock nos dirigimos hacia el Museo de la Guardia Real abierto al público en 2007.
Este lugar es especial porque es como un museo viviente ya que está ubicado justo en el cuartel de dos de los batallones más experimentados y condecorados del ejército británico cuya principal misión desde 1660 es salvaguardar la vida del rey o reina gobernante. Los nombres de dichos batallones son The Lifeguards (los salvavidas) and the Blues and Royals (los azules y reales). Digamos que son como los guardias pretorianos de los césares romanos.
Mi hermana saludando... al caballo
Adicionalmente a sus deberes militares, ellos regularmente acompañan a la Reina en diversos desfiles a lo largo del año. Y son todo un espectáculo, no solo porque sus caballos son hermosos y sus uniformes impecables sino porque su disciplina es férrea… ¡y se nota! Lo pudimos comprobar atestiguando un cambio de guardia que justo se llevó a cabo unos minutos después de que llegamos al Museo.

 

Mi hermana probándose botas y parte de la armadura
El Museo es pequeño pero realmente interesante. Visitarlo fue toda una experiencia pues exuda orgullo patriótico y un compromiso enorme con el honor y el deber. La Guardia Real es una muestra tangible de lo que para este país significa la monarquía… y yo que amo las tradiciones británicas lo disfruté enormemente.

En la primera parte se puede ver parte de los establos del siglo XVIII que por supuesto continúan prístinos y en uso diario. Además, te puedes probar algunas prendas de los uniformes y las armaduras que se utilizan y comprobar qué tan altos son los caballos, amén de conocer a detalle la rutina que siguen diariamente los soldados que pertenecen a este regimiento.  
 
Parte de la colección del Museo
En la segunda, viajas por el tiempo para observar la amplia colección de objetos personales, uniformes, medallas y recuentos de algunos miembros destacados de la Guardia Real sobre las distintas batallas e hitos históricos en los que han participado defendiendo al país y a sus soberanos por casi 350 años.  
Video testimonial sobre las actividades del regimiento
Para  terminar, el regimiento comparte algunos videos de sus tareas diarias y los desfiles con comentarios en audio de sus miembros. Asimismo, hay una exhibición de su participación en los Juegos Olímpicos y en distintas campañas de ayuda humanitaria. Por último, está el juramento de lealtad a la Reina Isabel II. 
Por supuesto, al final hubo que hacer una visita a la tienda del museo para adquirir algunas postales y un imán para el refrigerador, aunque he de confesar que ya no le caben muchos más. 
Siguiente capítulo: El cuartel de guerra de Winston Churchill
 
Misión: Proteger a la Reina
 

domingo, abril 27, 2014

Una vez descartado lo imposible, lo que queda, por improbable que parezca, debe ser la verdad. ~Sir Arthur Conan Doyle

2013, Capítulo 4: Mi nombre es Sherlock Holmes y mi negocio es saber lo que otras personas no saben



Para quienes hemos disfrutado leyendo los relatos de Sir Arthur Conan Doyle, la dirección “221b Baker Street” es definitivamente familiar ya que este brillante médico y autor escocés situó en ella la casa de sus personajes más famosos: el detective Sherlock Holmes, que destaca por su inteligencia, su hábil uso de la observación y el razonamiento deductivo para resolver casos difíciles, y su gran cronista, el Doctor John H. Watson. Sir Arthur Conan Doyle fue un autor prolífico que, además de crear a Sherlock Holmes, escribió obras de ciencia ficción, novelas históricas, teatro y poesía.
Fue justo hacia allá donde esa mañana nos dirigimos para visitar el Museo de Sherlock Holmes que por supuesto está en la calle Baker pero, he de aclarar que el número 221b nunca existió. En la época Victoriana, esta concurrida calle corría de Norte a Sur iniciando la numeración en el número 1 y terminando en el 85; cuando los edificios fueron renumerados en 1930, haciendo de ella una calle más extensa, una gran parte del bloque 200 fue asignada a un edificio Art Decó conocido como Abbey House, construido en 1932 para la Abbey Road Building Society (más tarde el banco Abbey National).

Este edificio fue ocupado por dicha sociedad hasta 2002, con los números 215 a 229: fue así como esta residencia se hizo real. Casi de inmediato la residencia comenzó a recibir cartas dirigidas a Sherlock Holmes de personas del mundo entero. El volumen era tal que acabaron creando un "Secretariado para Sherlock Holmes" para organizar toda la correspondencia. En 1999, Abbey National patrocinó la creación de una estatua de bronce, de casi tres metros, de Sherlock Holmes, que puede ser vista hoy en la entrada de la estación de metro de Baker Street.

Hoy en día, la propiedad que hospeda al Museo Sherlock Holmes se encuentra muy cerca de Abbey House (el número real de la dirección del museo es 239 Baker Street) y es una casa construida en1815. Su interior se mantiene para la posteridad exactamente como Conan Doyle describió la vivienda de sus célebres personajes y, con la debida aprobación de la ciudad de Westminster, tiene una placa que le acredita como “221B”.

Si alguien tiene problemas para imaginarse regresando en el tiempo, al llegar a la renombrada dirección un actor vestido de oficial de la policía victoriana le recibirá en la mismísima puerta. Los boletos se adquieren en la tienda del museo y la fila es bastante larga pues la casa en sí no es grande así que el “constable” se dedica a controlar el acceso a fin de que los visitantes puedan disfrutar de su tour en grupos pequeños para evitar estar encima unos de los otros.
Otro detalle es la tienda de The Beatles es vecina de Sherlock Holmes, así que brinda un buen entretenimiento… yo adquirí unos lentes tipo John Lennon mientras esperábamos que nos dejaran pasar. Otro vecino curioso es un lugar donde se exhiben los objetos que la gente ha perdido en el Tube (el metro de Londres). Por el aspecto de los que vimos en la vitrina, ¡tienen inventariadas cosas que se perdieron desde que el sistema de transporte entró en funcionamiento en 1863! 

Después de una espera de 45 minutos, logramos entrar a la estrecha casa. En serio fue como viajar a la época victoriana. Los muebles y los objetos en verdad datan de esos años y hacen referencia a las aventuras de Holmes y Watson con estudiada precisión. Está el maletín del Dr. Watson con su instrumental médico y un libro que guarda una pistola en su interior; en el tapiz puedes encontrar las siglas “VR” de Victoria Regina, hay espejos con velas a la usanza de la época pues no había luz eléctrica, y encuentras un elegantemente disimulado inodoro ¡dentro de la habitación! 
En el segundo piso hay una pequeña sala de estar donde puedes sentarte y tomarte una foto con el bombín de Watson o la gorra y pipa de Holmes, a gusto del consumidor. En el tercer nivel hay varios maniquíes con los personajes de las historias más recordadas: amén de los protagonistas, puedes encontrarte de frente con la Sra. Hudson, el ama de llaves, con Irene Adler, su rival en inteligencia, con su hermano Maycroft Holmes y con su némesis, el siniestro Dr. James Moriarty. Para mí fue muy grato ver representados tantos detalles. Al final, hay un acceso al ático donde si te atreves a subir una pequeña escalera, puedes ver las valijas, baúles y otros objetos. También se exhibe una colección de cartas escritas por el público a Sherlock Holmes. No cabe duda que hay quien confunde la ficción con la realidad.

Una vez que termina el recorrido, no hay que dejar de visitar la tienda del Museo. Ahí encuentras un sinfín de souvenirs tales como bombines, gorros y pipas por si te quieres caracterizar, pequeñas reproducciones del violín de Holmes, abrecartas, estatuillas de los personajes, juegos de naipes, bolígrafos, marcalibros y, por supuesto, la colección completa de los misterios que Sherlock Holmes resolvió.

A través de un panel de cristal desde la tienda se ve una biblioteca de antaño en la que sin mucho esfuerzo puedes imaginarte al buen Sherlock discutiendo con Watson. Pero lo más simpático es hacer una “escala técnica” pues el baño público bien podría ser una pieza de museo…  aunque afortunadamente funciona con tecnología del siglo XXI.
Si acaso han leído la versión original del llamado “canon holmesiano” compuesto por cuatro novelas y cincuenta y seis relatos, o son fans de la novedosa miniserie de la BBC “Sherlock”, o inclusive del famoso Dr. House, personaje basado en este célebre detective británico, bien vale la pena lanzarse a este pequeño pero entretenido lugar.  

Lo que sí hay que destacar como nota cultural es que la célebre frase «Elemental, mi querido Watson» ("Elementary, my dear Watson") no aparece en obra alguna de Conan Doyle sobre Sherlock Holmes… a que esa no se la sabían, ¿eh?

Próximo capítulo: La caballería de la Reina


 

domingo, abril 20, 2014

Tengo que ser vista para que crean en mí. ~Reina Isabel II

2013, Capítulo 3: The Royal Albert Hall, segunda parte

Elgar Room
Fotografía de George Harrison y John Lennon
en el Elgar Room
Nuestro guía nos condujo al Elgar Room, uno de los salones adicionales que ahora rentan para distintos eventos. Una vez dentro nos hizo una pregunta ¿qué tienen en común todos los artistas que aparecen en las fotografías que adornan las paredes de esta sala?
Inmediatamente, todos dedicamos unos minutos a “hacer inventario” para poder responder. Al ver una foto de The Beatles donde sólo aparecen John Lennon y George Harrison, lo que concluí para mis adentros fue “todos se presentaron aquí y ahora están muertos”… y ¡claro! en ese momento, el guía dijo justo esto. Yo sólo pensé “clásico humor británico”.
Después del Elgar Room, caminamos por “The Circle” hasta llegar a uno de los accesos de “The Gallery”, es decir de la sección más alta del auditorio, a fin de poder observarlo a nuestras anchas. Aunque llegaron a llenarlo 9,000 espectadores, actualmente el cupo máximo anunciado es de 5,272 lugares.

Por supuesto, lo primero que busqué fue el famoso “palco real” y ahí estaba, en la mejor ubicación de la sala con una gran corona portando la insigne “ERII” (Elizabeth Regina II). ¿Será que la Reina Isabel me invite cuando supere los 63 años de reinado de su antecesora Victoria? No le falta mucho pues en 2012 celebró el jubileo de 60 años… ¡le voy a escribir de una vez! 


Palco de la Reina, debajo de la corona
Mientras estábamos de polizones tuvimos el privilegio de observar el enorme órgano, el segundo más grande del Reino Unido, y escuchar parte del ensayo de un coro masculino de Cromwell con sus 300 voces entonando temas que me hicieron recordar con un par de lagrimitas mis tiempos en la Academia Maddox… ¡tristemente nosotras no cantábamos tan bien como ellos!

Escenario y gran órgano
Uno de los detalles curiosos es que la acústica del Royal Albert Hall producía un fuerte eco cuando lo inauguraron y por muchísimos años intentaron ajustarla con un sinfín de técnicas y trucos que nunca resolvieron de tajo el problema; inclusive se decía que este auditorio era el único sitio donde "cualquier compositor inglés podía estar seguro de escuchar su obra por lo menos dos veces". Fue hasta 1969 cuando al fin dieron al clavo al instalar una serie de discos acústicos difusores de fibra de vidrio a lo que se les llama cariñosamente “los champiñones”.

Difusores acústicos (champiñones)
Prometiéndome que alguna vez acudiré a un evento en el Royal Albert Hall, seguí al guía hasta un pequeño salón. Para mí sorpresa, resultó ser el “Royal Retiring Room”, es decir, la sala de descanso a la que Isabel II y sus invitados acceden a través de una escalinata privada. Con la venia del guía, pudimos sentirnos de la familia real por unos breves minutos pues nos instó a sentarnos en las elegantes sillas acomodadas alrededor de la sala y observar los retratos de los reyes y reinas, colgados en orden cronológico en sus cuatro paredes. No puedo decir que me sintiera incómoda...
Al salir dejamos la puerta bien cerrada con llave y nos encaminamos al Restaurante Coda para degustar el famoso “Afternoon Tea”. Cabe mencionar que este menú tradicional se sirvió por primera vez en el Royal Albert Hall el 11 de junio de 1912, patrocinado por The Theatrical Ladies’ Guild… pero nos consta que los ingredientes que usan hoy en día son frescos.
Cuando llegamos nos dimos cuenta de que los servicios estaban ya dispuestos en mesas según el número de comensales reservados. Por supuesto, nosotros cuatro estábamos separados pues reservamos dos lugares desde México y dos desde París… pequeño detalle. Así lo explicamos a nuestro capitán de meseros y aunque nos advirtió que quedaríamos un poquito justos, nos hizo favor muy gentilmente de reunirnos en una sola mesa para cuatro mientras Viv preguntaba muy en serio cuánto cuesta rentar los salones.
Viv y Guillermo ante el banquete
A esa hora, por supuesto ya teníamos todos bastante hambre así que el menú fue más que bienvenido y la experiencia, inolvidable... y no lo digo yo sino las caras de felicidad de Viviana y Guillermo (creo que ellos tienen la contraparte de esta foto).
Es bien sabido que la cocina no es el fuerte de los británicos pero el té de la tarde definitivamente sí es un contendiente que da batalla en mi corazón... los scones con crema batida y mermelada de fresa o cereza amarga (la versión británica de los bisquets) son mis favoritos.  
Aquí les comparto el menú completo para que se les antoje:
Afternoon tea at the Royal Albert Hall
Savoury selection
  • Croissant of beef, horseradish, rocket
  • 
    Scones, mis favoritos
    Smoked salmon, cucumber jelly, yoghurt
  • Truffle macaroon, foie gras parfait
  • Finger sandwiches: Butler’s Secret Cheddar, Branston pickle, H. Foreman & Son smoked salmon, cream cheese
Sweet selection
  • Scones, clotted cream, strawberry jam
  • Cakes of the day
Tea
  • Traditional English breakfast, Earl Grey, Assam, herbal infusions
  • Fairtrade coffee also available
Para terminar ese primer día en Londres, recorrimos varias de sus maravillosas calles para mostrarle a Viv algunos puntos tales como el Victoria & Albert Museum y sus paredes con marcas de balas de cañón del blitz de la Segunda Guerra Mundial, la vista de la avenida Knightsbridge con Harrods ahora iluminado para la noche y las clásicas cabinas telefónicas rojas.

Nos decidimos a tomar el Tube (apodo del metro londinense) para pasar un rato a Covent Garden: un entretenido barrio bohemio donde se pueden encontrar tiendas, artistas callejeros, restaurantes, mercado de artesanías.

Volvimos a la zona de nuestros hoteles en el Tube, yo arrastrando los pies y con los ojos soñolientos pues ya llevaba demasiadas horas despierta. Sólo les puedo decir que apenas recuerdo haber llegado al hotel…

Próximo capítulo: Sherlock Holmes

 

jueves, abril 17, 2014

Es mi deseo que este auditorio lleve el nombre de aquél a quien debe su existencia, y que sea así llamado “The Royal Albert Hall of Arts and Sciences”. ~Reina Victoria

Londres 2013, Capítulo 2: The Royal Albert Hall, primera parte


Tomamos un típico taxi londinense para llegar al Royal Albert Hall a tiempo para nuestro tour de las 3:00 pm.  Les cuento que hice la reserva desde México directamente en la página web oficial del Royal Albert Hall que anuncia sus tours “tras bambalinas” con cupo para 20 personas que incluye la visita guiada de varios salones internos y el auditorio principal de este icónico salón de actos. El que elegí fue por supuesto el que termina con el tradicional high tea pues es una costumbre británica de abolengo que quería que nuestros amigos experimentaran en su primera visita al Reino Unido.
Royal Albert Hall
Como se nos hizo un poquito temprano, acudimos a la taquilla para cambiar nuestro mail de confirmación por los boletos correctos y luego dimos una vuelta por fuera del edificio para sacar algunas fotos y esperarles. Al poco tiempo nos alcanzaron; venían acompañados de una amiga mexicana residente en Londres muy buena onda que los dejó sanos y salvos en nuestra custodia así que por fin pudimos darles la bienvenida y escuchar sobre sus primeras impresiones.
No en vano todo el mundo habla de la “puntualidad inglesa”. A las 3:00 pm en punto apareció el guía de nuestro tour: un chico que comenzó por preguntar de dónde venía todo el grupo. Una vez establecido el origen de los 20 participantes, rápidamente se puso delante de la fila para llevarnos a través del edificio.

Mientras caminábamos, nos iba contando con remarcado humor británico sobre la historia del Royal Albert Hall. Para empezar, les cuento que desde que la Reina Victoria lo inauguró en 1871 ha estado en uso continuo. No sólo ha sido una sala de conciertos sino que su escenario es tan versátil que puede acoger casi cualquier tipo de espectáculo. Imagínense que a lo largo de su trayectoria de más de 140 años se han presentado desde artistas clásicos como Wagner y Rachmaninov y artistas populares como The Beatles, Elton John, Adele, the Killers, hasta deportistas como John McEnroe o Mohammed Ali. ¿A qué no se habían imaginado una cancha de tenis o un ring de boxeo profesionales en este lugar?
 
Fotografía del domo
Por supuesto, muchas figuras públicas tales como Sir Winston Churchill, Nelson Mandela, el Dalai Lama y obviamente, la Reina de Inglaterra, han dado discursos y conferencias desde su escenario. Espectáculos de ballet, ópera, danza moderna, patinaje sobre hielo, y hasta el Cirque du Soleil se han presentado ahí también. Y para terminar pronto, es la sede del The BBC Proms, el mayor festival mundial de música clásica que se realiza anualmente durante el verano, con una duración de ocho semanas y con un maratón de celebridades de este género, solistas, coros y orquestas transmitido a todo el mundo por la BBC… ¡mi favorito visto en el canal de la BBC en México ha sido el BBC Proms dedicado a la serie británica clásica Dr. Who para celebrar su 50 aniversario! Podemos sin duda declarar que la lista de eventos que han ocurrido ahí no tiene rival en el mundo entero. 

Pintura que muestra a la Reina Victoria colocando
la primera piedra del Royal Albert Hall
Lo primero que vimos fue un pasillo con una serie de pinturas y fotografías que muestran las diferentes etapas de la construcción y la inauguración del Royal Albert Hall. La idea de construir una serie de instalaciones permanentes para la cultura y educación de la gente la tuvo el Príncipe Alberto, consorte de la Reina Victoria, después del éxito rotundo que tuvo para el imperio en 1851 la Gran Exposición, también promovida por el Príncipe. La propuesta fue aprobada y el sitio fue comprado con una parte de los beneficios recaudados en la exposición. 

Tristemente en 1861, el Príncipe Alberto murió sin ver realizadas sus ideas; no obstante, se construyó un hermoso monumento de oro en su memoria, el Albert Memorial, orientado hacia el Royal Albert Hall. En abril de 1867 la Reina Victoria firmó la «Royal Charter of the Corporation of the Hall of Arts and Sciences» para poder iniciar con la construcción y operación del teatro y el 20 de mayo se puso la primera piedra. La ceremonia oficial de inauguración fue el 29 de marzo de 1871. El discurso de bienvenida estuvo a cargo de Eduardo, Príncipe de Gales; la Reina Victoria no dio un discurso, pues acudió aún de luto y con semblante melancólico.  
"A" de Alberto, en oro
Un dato de la construcción es que el edificio es de forma elíptica. El domo que lo cubre está hecho de cristal y acero forjado y se colocó a 41 metros de altura en el techo… toda una proeza arquitectónica. Otro detalle que a mí me cautivó es que la Reina mandó poner la inicial “A” de oro a la altura de cada escalón en la escalera interior de hierro… ¡eso es amor del bueno!

Nuestro guía destacó que el Royal Albert Hall está registrado como una organización de caridad; sin embargo, es financieramente auto-suficiente y por tanto no recibe fondos gubernamentales de ningún tipo. Cuenta con un intrincado sistema de membresías; una de esas es la de la familia real. Gracias a la misma, la reina es dueña de un palco que fácilmente puede distinguirse pues tiene una corona muy visible. La familia real recibe boletos para todos los eventos pero pocas veces acude; por tanto, distribuye los boletos a las personas de su staff que estén interesadas en acudir al evento y por eso el palco real está normalmente ocupado. Lo simpático del asunto es que, dado que en ese momento representan a la monarquía, los invitados de la reina deben observar un comportamiento digno… o sea, ¡olvídense de saltar y gritar como cualquier fanático!
Reflejo del Albert Memorial en el cristal del Royal Albert Hall
El auditorio principal y las salas adicionales que han ido habilitando con los años se rentan a cualquier persona física o moral que cumpla con ciertos requisitos indispensables. Por ejemplo, las universidades de artes de Inglaterra celebran sus graduaciones ahí; también se alquila para ceremonias de premiación o conferencias científicas. Pero, no se emocionen pues para mantener la intachable reputación de este recinto, cualquier solicitud debe superar el escrutinio de la administración del Royal Albert Hall y de sus patronos. Ah, y no se alquila para bodas ni celebraciones de cumpleaños…
Próximo capítulo: Royal Albert Hall, segunda parte